Educar para la comunicación intercultural en Europa y en la era planetaria

Emilio Roger Ciurana

“La otredad está en nosotros mismos”

(O. Paz).

Sobre el fenómeno y cómo lo vemos

El acto de ver no es solo cuestión de biología. Ciertamente los ojos son órganos biológicos, pero no menos cierto es que personas diversas pueden ver de diferentes modos un mismo objeto, pueden ver cosas muy diferentes. Como les ocurría a Ptolomeo y a Copérnico cuando miraban al sol: el primero veía que el sol giraba alrededor de la Tierra, el segundo veía que la Tierra giraba alrededor del sol. Dos miradas diferentes sobre un mismo objeto. ¿Por qué? ¿Y por qué razón ambos creían estar en lo cierto? Para ellos era evidente lo que veían.

Traslademos a otro nivel esta situación. Dejemos la astronomía y comencemos a hablar de conceptos tan en boca de todo el mundo como son los conceptos de “civilización”, “cultura” y “sociedad” en Europa así como en el Planeta. ¿Por qué resulta más “fácil” a la gente pensar la multiculturalidad de una manera monocultural que aventurarse hacia la posibilidad de una comunicación inter-cultural? ¿Por qué resulta más “fácil” pensar un archipiélago como un conjunto de islas separadas por el mar que pensarlo como un conjunto de islas unidas por el mar? ¿Por qué se habla tanto de “choques” de civilizaciones como si estas fuesen tazas con bordes delimitados al igual que R. Benedict pensaba las culturas? ¿Por qué, cuando hablamos de religión, de ideas, de lo cultural, buscamos más las diferencias que las similitudes? Cierto es que el código de lectura “civilizacionista” o “culturalista” facilita la explicación de los conflictos que se dan entre países del mundo así como los conflictos que se dan entre personas de diversos lugares en esta era de migraciones y desplazamientos. Como si la culpa de los conflictos la tuviese lo “diferentes” que somos. Cierto es que estos códigos de lectura tienden a la defensa de modelos asimilacionistas: aquellos que llegan de afuera deben asimilarse e integrarse en el lugar de acogida, como si el trabajo solo fuera de los otros y nunca de nosotros(2) . Porque en resumidas cuentas los civilizacionismos y los culturalismos parten de la premisa del corte entre nosotros y los otros. Si a ello añadimos, como hacen intelectuales al estilo de Huntington o de Sartori, categorías como “buenos” y “malos”, “evolucionados” y “atrasados”, “modernos” y “oscurantistas”, etc., si además, al igual que Fukuyama creemos que el mayor grado de bienestar se produce en la sociedad occidental gobernada por una democracia económicamente neoliberal es obvio que la tarea es de los otros. No se trata de comunicación por lo tanto, se trata de imposición.

Ciertamente la mirada civilizacionista y culturalista desemboca en cortes, no trata  de comunicar, trata de imponer y de mantener los ghetos. Incluso crea nuevos ghetos. Pero se trata de miradas muy arraigadas entre nosotros y también en los otros. Se trata de no miradas, se trata de miradas clausuradas por determinados esquemas mentales(3) inconscientes e intereses(4) . En ese sentido creo que se puede afirmar que si algo nos hace falta hoy para poder comunicarnos, o para atisbar la posibilidad de vivir juntos, es detectar el orden del discurso, la lógica discursiva que nos determina hacia la separación, la fragmentación, la clausura. Lo que más falta nos hace hoy es sacar a la luz los modelos mentales que determinan nuestra forma de pensar, nuestra lógica, nuestro actuar. Por otra parte aún aplicamos a la realidad socio-cultural un modelo de identidad basado en una metafísica del objeto estático y absoluto, pensamos en términos de cosas acabadas y sólidas aquello que podríamos pensar en términos de una ontología de la relación y de lo fluido: la identidad no es una estructura sólida, es más bien producto de una acción auto-eco-re-organizativa, por lo tanto un hacerse constante. La identidad no es cuestión de lógica (aristotélica), pensar la identidad implica pensar de manera dialógica (Morin). Ciertamente vivimos hoy dentro de una deriva identitaria muy peligrosa porque se concibe la identidad de forma sustancial, y aplicamos nuestras fijaciones mentales a una realidad en movimiento. Creemos que renunciamos a nuestra identidad cuando nos abrimos a otras identidades, no nos damos cuenta que, por el contrario, cuando nos abrimos creamos identidad pues nos ofrecemos la posibilidad de generar nuevos sentidos, nuevos significados y re-significaciones. En ese sentido no se trata de renunciar a la identidad, uno necesita identidad para poder poner en práctica la comprensión, toda interpretación se hace desde la identidad(5), se trata de articular, de conjugar voces (O.Paz) en uno mismo dentro de un mundo que es diverso, plural. Dicho de otro modo nos urge complejizar nuestro concepto de identidad, nuestro concepto de nosotros mismos, un concepto impuesto por un modelo disciplinar de educación que, como si de disciplina militar se tratase, solo nos deja jugar en un tablero, en el tablero de las alternativas dicotómicas: el nosotros y los otros. Posiblemente necesitemos hacer caso a Nietzsche cuando hablaba de la transvaloración de los valores: rechacemos las alternativas estrechas, liquidemos el pensar dicotómico. Dicho de otro modo: se trata de pensar contra el mito de lo Uno. Tiene mucha razón Touraine cuando afirma, hablando de la democracia, que “la desaparición del Uno es simplemente una precondición de la modernidad y en particular de la democracia, la eliminación del obstáculo fundamental de la democratización”(6). Se trata de pensar la unidad en la diversidad y por la diversidad (Morin).

Freud hablaba del narcisismo de las pequeñas diferencias. Ciertamente somos muy selectivos, nos fijamos más en aquello que nos diferencia de los otros que en aquello que tenemos en común. Hablamos en plural: pensamos en términos de grupos las acciones particulares de los individuos(7) y agrupamos a una enorme variedad de individuos bajo conceptos y definiciones muy cerradas, como si tales definiciones valiesen por igual para todos. ¿Qué queremos decir cuando decimos “civilización occidental”? ¿Qué hay que entender cuando hablamos de la “civilización islámica”? ¿Caracterizamos por igual entonces a la mujer obligada a llevar el burka en Afganistán y a la mujer que prácticamente luce los senos en el norte de África y que al mismo tiempo profesan el Islam? Por otra parte ¿no existe una enorme diversidad de culturas dentro de una misma civilización? ¿No existe una enorme diversidad de individuos dentro de una misma civilización y dentro de una misma cultura? Quizás sea muy necesario reflexionar sobre estas descripciones supuestamente empíricas de fenómenos de una gran complejidad y menos homogéneos de lo que parecen bajo una mirada superficial. En síntesis, como dice E. Said la identidad de una civilización no es un axioma inamovible. Podríamos añadir nosotros, tampoco es un axioma inamovible la identidad de una cultura o de una comunidad, menos aún la identidad de la llamada “sociedad” en una época en la que cada vez vivimos más dentro de un espacio público dialógico (Morin) en el que se dan contactos múltiples entre diversas culturas, individuos, con diversas intensidades. El problema está en el hecho de que aún se sigue pensando la sociedad desde posiciones sistémicas, como si la lógica del todo comandase las acciones de los individuos, como si se pudiesen pensar las creaciones de sentidos de los sujetos y de los movimientos sociales desde paradigmas sociales. Gran error pensar en términos sociales problemas culturales (Touraine). Gran error pensar la sociedad como si de un sistema moral integrado y portador de sentidos generales se tratase, ya que ello nos lleva a concebir como puro desorden la labor de corrosión del mestizaje cultural, pues las interacciones entre los individuos diversos no dejan indemnes a ninguno de los inter-actuantes. El problema, por lo tanto, no es tanto de integración cuanto de concebir la posibilidad de comunicarnos en un espacio social multicultural(8), con una enorme diversidad de tiempos, de sentidos. Un espacio que no es homogéneo. El error: pensar una cohesión social desde la sociedad. La necesidad: pensar cohesión social compleja inter y trans-cultural desde los sujetos a nivel individual y a nivel colectivo (movimientos sociales, etc.), desde la dialógica de sentidos que conviven, entran en conflicto y también se pueden complementar. El mejor antídoto contra el fundamentalismo es la posibilidad de expresión de la diversidad cultural. La posibilidad de que se puedan oír las otras voces y para ello es necesario, como dice D. Wolton, que se respeten los diversos ámbitos culturales para así romper con la imposición de una relación lineal entre quienes emiten el mensaje y quienes lo reciben, además teniendo siempre en cuenta la posibilidad de la incomunicación(9), es decir nunca se pueden eliminar totalmente los “ruidos” en la comunicación, la Historia siempre está presente, los sentidos, la identidad, como antes decíamos. Toda negación del otro, toda negación de la relación en la alteridad presente siempre se reduce a imposición y a concepción jerárquica de las relaciones humanas. Así se constituyó ese mito tan universal que habla de bárbaros y de civilizados, los de adentro y los de afuera, nosotros y los otros. Ya lo explicó hace mucho tiempo Levi-Strauss cuando decía que parece ser un universal humano el concebir que la humanidad acaba en la frontera de la tribu.

Bajarse de los tableros impuestos

En cambio en la era planetaria y de las conexiones transnacionales el mestizaje cultural y la reorganización de las identidades nos obliga a pensar más allá de ese falso universalismo que se resume en lo local sin fronteras, nos obliga a pensar en términos locales y globales, localizados y des-localizados, más allá de toda esencia y raíz inmutable. Más allá de los culturalismos a-históricos, modelos de una concepción fotográfica de la cultura y de la identidad.

Toda construcción organizacional de la identidad implica inclusiones de lo “otro”. Implica dejar de jugar dentro del marco del tablero de las dicotomías y de las disyunciones: nosotros en inter-acción re-organizante con los otros sin disolvernos unos en los otros sino complejizando nuestra identidad en el intercambio de diversos sentidos, al mismo tiempo que creando nuestros sentidos.

Desde un punto de vista epistemológico cabe decir lo siguiente: la dialógica de sentidos, al igual que la dialógica de las disciplinas, en su camino hacia el nivel trans-disciplinar y trans-cultural no anulan las diferencias, no las disuelven en la tierra de nadie de una imposible racionalidad comunicativa, en cambio crean una nueva figura significante, incompleta siempre, abierta siempre y, hasta cierto punto, anormal porque des-normaliza, corroe aquello que dentro de la mentalidad disciplinar y mono-cultural (multiculturalidad plural) es reconocido como puro. Todo mestizaje así como toda hibridación son corrosivos. Y sobre todo lo que más corrompen es el absolutismo de la verdad, el exclusivismo de la verdad, el fundamentalismo: de las evidencias y de los comportamientos.

La tarea de la comunicación intercultural en su caminar hacia la comprensión abierta implica hablar y oír, conocer y fomentar el conocimiento, mantener el sano escepticismo que nos enseñó Montaigne, abandonar los dogmas…Estar dispuesto a no tener razón. Estar dispuesto a ser un sujeto autónomo más allá de la comunidad, más allá de la sociedad, más allá del discurso del pensamiento único, más allá de la mentalidad neo-liberal. Es decir, más allá de todo intento de imposición de la visión unidimensionalizante del mundo y de las relaciones humanas.

La comunicación intercultural no es solo un decir (una teoría), es una hacer, un caminar en la diaria diversidad. Se trata de comprender y practicar, un ensayo constante que se produce fuera del tablero construido por los enemigos de la comunicación: los que ontologizan las culturas, las civilizaciones, los simplificadores del discurso político. Se trata de un comprender y practicar partiendo del reconocimiento de lo que es diverso, buscando comprenderlo de forma crítica(10), asumiendo nuestra finitud y, desde ahí, tratar de ampliar horizontes en ese constante encuentro dialógico que es el encuentro entre seres humanos. En ese sentido se pueden aportar estrategias intelectuales para hacer más inteligible el mundo y, por lo tanto, para poder conducirnos mejor en la acción de comunicación inter-cultural.

Estrategias mentales y elementos a tener en cuenta para la práctica de la comunicación inter-cultural

Vamos a proponer una serie de posibles estrategias mentales para favorecer la comunicación inter-cultural:

1. Abandonar las falsas evidencias, así como deshacernos de los conceptos trampa. Una falsa evidencia es la siguiente: si bien es cierto que vivimos en la era planetaria no es cierto que hayamos entrado en la era de la comunicación: a pesar del enorme desarrollo de la información no vivimos en la comunicación(11). Cada vez “vemos” más el mundo, tenemos más información, conocemos más diversidad, pero al mismo tiempo ello también nos aporta más contradicciones sobre nuestra visión del mundo y sobre nosotros mismos. Se trata entonces de concebir la dialógica entre información, comunicación, identidad personal, cultura, auto-reflexión crítica.

2. Conceptos como “civilización”, “cultura”, “identidad”, se convierten en trampas mentales si son pensados como absolutos y cerrados. Otro concepto trampa es el concepto de “tolerancia”: ser tolerantes con el otro puede ser imagen no tanto de comprensión y de respeto cuanto un buen ejemplo de superioridad sobre el otro. En ese sentido se trata de posibilitar las condiciones de apertura y de comprensión del otro, las condiciones del respeto y del reconocimiento: el otro es igual y diverso. Es decir, el otro es un sujeto, con capacidad racional y de construcción de individualidad.

3. La comunicación inter-cultural no puede dejar de lado la existencia de un principio de incomunicación, un principio de incertidumbre en la incomunicación. Todo fundamentalismo niega la diversidad, la identidad y la posibilidad de comunicación. El fundamentalismo no es del orden de la racionalidad abierta sino más bien del orden de la doctrina, el dogma y la clausura de la relación. El fundamentalista niega la presencia de la alteridad. En síntesis: el fundamentalismo es la negación de la democracia y del pluralismo político y cultural.

4. Reconocimiento del otro y conciencia de la interdependencia caminan juntos. Como decíamos antes, el reconocimiento del otro debe tener en cuenta la existencia de la incertidumbre en la comprensión, en ese sentido, desde la dialógica compleja el proceso de comprensión no puede soslayar la cuestión de los antagonismos porque los que entran en ese proceso de comprensión son construcciones de identidad diversas. No hay posibilidad de comprensión si no aceptamos las diversas historias culturales.

5. Tener conciencia de que información y comunicación no son lo mismo. Informar y comunicar no están en el mismo nivel lógico ni antropológico: la comunicación implica transformación: entre el mensaje y su recepción no se da una relación lineal, está también la organización cultural y de sentido del receptor de mensaje, desde la que se interpretará el mensaje.

6. El reconocimiento de la diversidad y al mismo tiempo el reconocimiento de los mismos atributos universales para todas las partes en presencia, es la condición de posibilidad básica para poder vivir juntos, sin reconocimiento de las identidades-historias culturales y sin el respeto del derecho a la construcción de sentidos plurales por parte de los sujetos (individuales y colectivos) la comunicación inter-cultural queda obstruida. Tanto el universalismo abstracto como el comunitarismo son enemigos del sujeto.

7. Ninguna sociedad posee la verdad ni el patrimonio sobre los derechos humanos universales y los derechos del individuo-sujeto: los derechos humanos son universales porque no son sociales.

8. La posibilidad de vivir juntos requiere de una educación en la que los principios de la complejidad: la dialógica y la recursividad estén en la base de la comprensión de la unidad en la diversidad, esto es, la unitas multiplex(12) . El mejor antídoto contra el fundamentalismo es la multiculturalidad inter-relacional, más allá de la trampa de los comunitarismos ontológicos y del principio clásico de identidad.

9. Un planeta uniforme y homogeneizado impediría la posibilidad de comunicación. Quedaría anulada la posibilidad de construcción de sentidos subjetivos (por los sujetos). Pero no olvidemos también los riesgos perversos de ciertas concepciones de la multiculturalidad: caer en una ideología de la diferencia que traduzca lo diverso en términos de un simplón pintoresquismo de tarjeta postal. Caer en la aceptación acrítica del otro que nos haga confundir la imposición del burka con el traje regional. El juicio y la crítica se pueden y deben ejercer partiendo del reconocimiento y conocimiento del otro para que la crítica no nos lleve a la confusión entre la diversidad y lo que se puede convertir o de hecho son aberraciones contra el ser humano. En ese sentido, contra la homogeneización no nos sirve el relativismo cultural (pluralismo y relativismo no son lo mismo): los derechos del individuo no se pueden reducir a los modos educativos sociales y culturales particulares. Comprender implica conocer, de lo cual no se deduce la aceptación acrítica del otro. Por todo ello también necesitamos hacer una crítica del conocimiento: un conocimiento del conocimiento, una reflexión sobre cómo conocemos y al mismo tiempo los errores del conocimiento, una reflexión sobre las raíces de la incomprensión.

10. En ninguna cultura ni civilización existen individuos puros ni típicos. Ningún individuo representa en su totalidad a una cultura. Tampoco existen culturas en su forma “original”. La originalidad de una cultura está en su capacidad de reorganización en la inter-relación con otras culturas. Esa es también una clave de supervivencia: el dinamismo(13).

11. Cada individuo-sujeto somos una dialógica compleja, en permanente reorganización entre lo heredado-aprendido, nuestra experiencia, nuestra concepción del mundo actual y la información recibida constantemente. Una clave de negociación productiva con el otro es la asumción de nuestra inestabilidad e incertidumbre sobre nosotros mismos y sobre nuestra apertura a la escucha curiosa del otro. Se trata de construir la identidad en el caos, es decir, en la ausencia de significados permanentes y en la ambigüedad.

12. La práctica de la comunicación intercultural, así como el análisis y el conocimiento de las culturas no deja indemne a nadie: transforma a los individuos involucrados en la relación. Todo intercambio de información puede llegar a producir transformaciones de sentido.

13. Si bien no podemos abandonar nuestro horizonte cultural si podemos, en cambio, acercarnos a la fusión de horizontes, esto es, a la ampliación y reorganización de nuestro ser y de nuestro sentido en la relación dialogante con el otro. Es por lo que para que dialoguen las identidades se debe partir de las identidades. Ser consciente de la propia identidad es base fundamental para el control de los estereotipos lanzados contra el otro. La identidad es paradójica, incierta y posibilitadora. Se trata de complejizar este concepto que puede devenir tanto obstáculo como base para la comunicación y comprensión.

14. Frente a los prejuicios (en sentido negativo) hay que partir siempre del hecho de una ineliminable ambigüedad en la comunicación. Pero existen los prejuicios positivos: los juicios que emitimos sobre el otro como hipótesis a corregir o a verificar, los prejuicios que se corrigen en el mismo acto de comunicación.

15. No podemos olvidar en ningún momento que nuestra lógica cultural está gobernada por paradigmas. No olvidar esto nos puede servir de antídoto contra la visión despreciativa del otro. Los prejuicios se expresan en nuestras descripciones, en nuestro acercamiento emocional y en el hecho interpretativo.

16. Tomar conciencia de nuestros supuestos es la base para la comunicación. Pensar que podemos estar equivocados en nuestra interpretación facilita siempre el diálogo.

17. Educar para la comunicación inter-cultural y para una nueva cohesión social hace necesario salir del imperio de la sociedad. En una sociedad en la que la diversidad está presente y visible no podemos partir del “orden social” sino de la diversidad dialógica y plural de los sujetos. No se trata tanto de la preservación de un determinado modelo social (¿cuál?) cuanto de una cohesión basada en el diálogo que parte del derecho de todos a construir sus sentidos en condiciones de igualdad. La labor de las instituciones políticas y educativas puede ser entonces la de favorecer la expresión y el respeto de la diversidad y la preservación del derecho de todos a construir sus sentidos, más que imponer una moral, un orden social. Se trata de realizar lo que Touraine denomina la “escuela del sujeto” frente a la educación como formación en lo universal. Se trata de educar en la era planetaria (tal como Morin, Motta y yo mismo la denominamos), es decir, pensando en espacios sociales dialógicos y multidimensionales y no monológicos.

18. Más allá de la unidimensionalización de la modernidad existe la diversidad de modernidades. Las diversas formas de relación entre técnica, mercado, biografía e identidades culturales. La construcción de la identidad (dinámica) implica una permanente integración de elementos de la cultura heredada / aprendida y de la modernidad presente. En ese sentido no podemos pensar las relaciones con la modernidad solo desde lo material, solo desde la economía (pensamiento único), solo desde lo social, sino también desde lo cultural activo, esto es, haciéndose en el espacio público. Si negamos la dialógica entre estos aspectos, si negamos la actualización interaccional de los sentidos culturales de los sujetos corremos el peligro de caer en la cárcel del comunitarismo ontológico, en una concepción de la identidad como refugio (Wolton, Castells). Refugio de sentido y solidaridad cuando la identidad relacional es negada. Cuando las asimetrías en las relaciones devienen imposiciones.

19. La dicotomía universalismo versus comunitarismo es innecesaria e impertinente en la era planetaria, nos lleva a un falso debate. Se trata más bien de pensar la diversidad cultural dentro de la universalidad dialógica, compleja, multidimensional, políscópica, abierta siempre. Transcultural. Plural.

20. Toda visión racionalista de la identidad, abstracta y universalista, se ciega al sentido. Favorece identidades asesinas (Maalouf) o los choques de civilizaciones, parece que casi deseados por Huntington y tan bien criticados por E. Said.

21. Las culturas, las civilizaciones, ni dialogan ni dejan de dialogar entre ellas; ni se alían ni dejan de aliarse. Quienes dialogamos o nos enfrentamos, quienes nos comprendemos o nos despreciamos, quienes nos aliamos o no, somos los individuos. Es por medio de los individuos como dialogan las civilizaciones, se alían o chocan. En ese sentido siempre es imprescindible un esfuerzo de conocimiento del otro y de auto-conocimiento, pare ver qué nos diferencia y que nos aproxima. Al mismo tiempo es imprescindible mantener una relación vigilante con nuestra esfera ideológica cultural, civilizacional, religiosa. Saber que al igual que si fuesen seres vivos las ideologías pueden acabar parasitándonos y manipulándonos. El poder de las ideas y de los paradigmas es tanto más cuanto menos conscientes somos de él (14).

22. La educación para la comunicación intercultural tiene que mostrar que no es posible la interculturalidad sin la libertad cultural de los sujetos. Mostrar también que definir a los sujetos por su creencia / etnia religiosa o de origen es un error.

23. Educar para la comunicación intercultural es educar para la democracia y solo es posible en una sociedad democrática en la que las diversas creencias o expresiones de sentido solo tienen por límite la no vulneración de los derechos políticos de los sujetos y más aún la no vulneración de los derechos humanos.

24. A menudo cometemos el error, como muy bien ve Amartya Sen, de confundir cultura y religión. La religión es una parte del conglomerado cultural.

25. El principal enemigo de la sociedad de la comunicación intercultural no es la ambigüedad ni la posibilidad de incomunicación, no lo es tampoco la incertidumbre, es la a veces tenaz persistencia en la ignorancia. Es decir: la ignorancia voluntaria.

26. La educación no puede confundir interculturalidad y multuiculturalidad. Los modelos que están detrás de ambos son diferentes. La multiculturalidad suele enfatizar la(s) diferencia(s) cultural(es). La práctica de la interculturalidad enfatiza la relación entre las diversas culturas, experiencias del mundo, sentidos.

27. El principal enemigo de la sociedad abierta y de la comunicación es la cohesión social sin diversidad.

28. La educación debe mostrar la construcción de la identidad: un proceso dialógico y auto-eco-re-organizacional.

29. La educación al enfrentarse a las identidades puras debe fomentar lo que nos une a todos en lo universal, es decir, el principio de acción racional y los derechos del individuo y, por otra parte mostrar la naturaleza humana como una matriz generativa de la diversidad. Debe defender la inclausurable apertura: el respeto a la diversidad, el derecho a la diversidad en una realidad pluricultural en la que el sujeto consciente de la diversidad y la multidimensionalidad tiene como tarea conocer el contexto y re-conocerse en el contexto.

30. La educación para la comunicación intercultural debe deconstruir la falsa creencia de que la “buena” universalidad es la que extiende lo particular a todas partes: la civilización monológica.

31. Una educación para la autonomía del sujeto es aquella educación que frente a la concepción del sujeto “sujetado” a la lógica y por la lógica del sistema (una lógica que roba la subjetividad al sujeto) muestra que ser sujeto es tener la capacidad de dejarse corromper, es decir, cambiar de forma, ser un “inmoral”: bajarse del tablero del formateado en una moral que pasa por ser evidente, absoluta y eterna. Todo individuo-sujeto es mestizo, una mezcla de aprendizajes, asimilaciones, rechazos, diálogos, construcciones, destrucciones, dudas, cuestionamientos…Todo individuo es una identidad compleja. Y esta evidencia es la que oculta una moral que nos dice que no pensemos, que no nos pensemos, que no reflexionemos, que ejecutemos la norma.

32. La educación para la comunicación intercultural en la era planetaria quizás debería liquidar la mentalidad civilizacionista(15), culturalista(16), y su lógica / moral, que pone la norma(17) por encima de la capacidad de reflexionar de los sujetos y que crea una imagen de la realidad y del mundo que convierte en evidencia y performatividad aquello que es posible que sean ilusiones que no por no ser pensadas nos hacen menos culpables de mantenerlas, de desconocernos y de negarnos unos a otros la humanidad. Es decir negarnos la capacidad de vernos, como quería O. Paz, nosotros: los otros.

Valladolid, España, 26 de marzo de 2007

22 de junio de 2007

Tijuana, México, 18 de Julio de 2007

Valladolid, España, Enero de 2010


(1) I Congreso Internacional de Innovación Docente: Transdisciplinariedad y Ecoformación. Barcelona, 28 al 30 de Marzo de 2007.
(2) Hasta el punto de llegar a pedir, como lo hace Huntington, que los inmigrantes hispanos que entren a trabajar y a vivir a los Estados Unidos deben soñar en inglés. Como si así se atajase la supuesta amenaza colonizadora, por parte de los hispanos, en la que parece ser piensa esta autor.
(3) Es interesante leer el texto de T. Todorov sobre La conquista de América. El problema del otro. Siglo XXI. México. 2003. Refiriéndose a Colón dice lo siguiente: “Colón no tiene éxito con la comunicación humana porque no le interesa…La percepción sumaria que tiene Colón de los indios, mezcla de autoritarismo y condescendencia, la incomprensión de su lengua y de sus señas, la facilidad con que se enajena la voluntad del otro en aras de un mejor conocimiento de las islas descubiertas; la preferencia por las tierras frente a los hombres. En la hermenéutica de Colón, estos no tienen un lugar a parte” (op. cit. p. 41). Esta misma actitud mental se ha perpetuado con la mentalidad imperialista y sigue hoy más en voga de lo que creemos cuando nos referimos a los otros. Es la actitud de los defensores del choque de las civilizaciones, de los defensores de las purezas ideológicas y de las religiones con pretensión de universalidad. Es muy pertinente acudir a los escritos de E. Said para adentrarse en los laberintos ideológicos y en las visiones distorsionadas y manipuladoras creadas por la mentalidad imperialista. Ver Said, E. Cultura e imperialismo. Anagrama. Barcelona. 2001, así como también su Reflexiones sobre el exilio. Debate. Barcelona. 2005.
(4)  Intereses también de tipo económico que se traducen en problemas identitarios y en juegos perversos de exclusión. Dicho de otro modo: no dejemos de lado el hecho de que muchas reacciones entre y contra grupos culturales se deben también a problemas socio-económicos, a injusticias sociales y económicas.
(5)  La moderna hermenéutica nos dice que siempre se interpreta desde un horizonte, pero ello no impide ir hacia la “fusión de horizontes”, una fusión que nunca se producirá de forma completa pero que en el diálogo podrá producir comprensión. La obra de Gadamer es fundamental para el desarrollo de esta idea.
(6)  Touraine, A. ¿Qué es la democracia? F.C.E. México. 1995, p. 218.
(7)  Es un hecho que el comportamiento de los creyentes influye y no poco en la concepción que tenemos de la fe que profesan. Ocurre también lo contrario: deducimos de una fe religiosa el comportamiento del creyente. Ambas acciones nos llevan, casi siempre, a error de perspectiva.
(8)  Aunque sea de forma muy breve debemos distinguir entre multiculturalidad e interculturalidad, de lo  contrario ello nos puede llevar a confusiones, la multiculturalidad pone el énfasis en las diferencias culturales, incluso en la separación entre ellas (multiculturalismo mono-cultural) a veces debido a causas reactivas: un exceso en el énfasis asimilador puede llevar (y de hecho lleva a menudo) a una reacción que fomente más la separación, otras veces debido a una concepción relativista de las culturas (que en su ontologización acaba siendo un absurdo, pero que ha funcionado durante mucho tiempo como modelo occidental de jerarquización y de clasificación de los otros y que al mismo tiempo y ahora funciona como modo de preservación de las supuestas purezas culturales de todo el mundo). Como se pregunta Amartya Sen (cfr. “Libertad y ají. Usos y abusos del multiculturalismo”. Letra Internacional. 91. Verano de 2006) cuando nos habla del <monoculturalismo plural>, “¿acaso la coexistencia de diferentes culturas, que viven y pasan la una junto a la otra como barcos en la noche puede considerarse un éxito del multiculturalismo?”. La práctica de la inter-culturalidad pone el énfasis en la relación entre las diversas culturas y sentidos, por lo tanto parte de la apertura de las culturas, condición indispensable para la posibilidad de comunicación en la dirección de la comprensión entre diversos sentidos. La comunicación inter-cultural o es dialógica (compleja) o no puede existir. La comunicación inter-cultural debe tender hacia la relación simétrica y des-jerarquizada en un mundo con múltiples asimetrías y jerarquías, debe asumir una ética del reconocimiento del otro y una ética de la comprensión de nosotros y de los otros, partiendo, como escribe O. Paz de un nosotros los otros.
(9)  Por eso que hemos dicho que la comunicación es dialógica (compleja), se dan complementariedades, antagonismos, ruidos, etc, en un mismo tiempo y espacio.
(10)  Sobre la búsqueda de la comprensión crítica de lo diverso me sitúo en el camino de R. J. Bernstein cuando  dice que “también debemos estar alertas a la celebración excesiva de la diferencia , la otredad y la alteridad. No todas las formas de diferencia son deseables o bienvenidas; debemos oponernos con firmeza a algunas, en especial aquellas que buscan socavar o eliminar la pluralidad genuina. Por lo tanto es preciso desarrollar una actitud falibilista crítica hacia las diferencias culturales, distinguiendo entre aquellas que deben ser bienvenidas y adoptadas en una sociedad pluralista y aquellas que amenazan la existencia misma de la sociedad”, cfr. R. J. Bernstein, El abuso del mal. La corrupción política y la religión desde el 11/9. Katz Editores. Buenos Aires. 2006. pp. 63-64.
(11)  Cfr. Wolton, D. Salvemos la comunicación. Gedisa. Barcelona. 2006.
(12)  Cfr. Morin, E.; Roger Ciurana, E. ; Motta, R. D. Educar en la era planetaria. Gedisa. Barcelona. 2003.
(13) Como escribe Batjín: “El significado de una cultura se revela en su plenitud gracias al encuentro y contacto con otro ajeno a él. Entre ambos se entabla un diálogo que rebasa el ámbito cerrado y unívoco, tanto del significado como de la cultura tomados aisladamente. Formulamos a una cultura extranjera preguntas nuevas, de una índole que ésta no se plantearía a solas, buscamos en ella respuestas a preguntas que son nuestras” Citado en J. Goytisolo, Tradición y disidencia, pag. 18, F.C.E. México. 2003. A su vez, en esta misma obra dice J. Goytisolo: “Siempre he opinado que la vitalidad de una cultura se muestra en su interés por las otras culturas. Una cultura tiene buena salud cuando se interesa por las demás y se apropia de lo que le conviene para su propio provecho, se abre a otros mundos, a otras áreas y no se encierra en sí misma y se queda mirando el ombligo”, op. cit. p. 31.
(14) Esta problemática fue muy bien tratada en el cuarto de los volúmenes El Método de Edgar Morin.
(15) Reflexiono sobre esto también en mi artículo “Civilizados, bárbaros y política de civilización”. EL MUNDO. Diario de Valladolid. Viernes 8 de Febrero de 2008.
(16)  Dice muy bien E. Said contra Huntington que “prestar demasiada atención a dirigir y esclarecer el choque de culturas oculta el hecho del gran y a menudo intercambio y diálogo entre ellas” Cfr. Reflexiones sobre el exilio. Barcelona. Debate. 2005, p. 550
(17)  Es muy pertinente la reflexión que hace Nietzsche en torno a lo que el llama “los predicadores de la muerte”: los negadores de la vida y de la diversidad, que tratan de alejar de la vida a los hombres sometiéndolos a la doctrina de los buenos y los malos. Así como sometiéndolos a la doctrina de la resignación. Planteando los valores como conflicto y no como posibilidad de crear sentido. ¿Acaso no serán los valores, la moral que critica Nietzsche el equivalente de ese choque de civilizaciones actual  que pretende mantener nuestras mentes en estado de guerra permanente? ¿no será necesario entonces reflexionar sobre las viejas tablas en las que estamos montados y preparar otras tablas nuevas? Cfr. F. Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. “De los predicadores de la muerte”; “De las mil metas y de la única meta”; “De las tablas viejas y nuevas”.
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