Reflexiones sobre el ser “ciudadano” y la manipulación del lenguaje

Desde Aristóteles estábamos acostumbrados a una definición de “ciudadano” que hoy parece intempestiva: ciudadano es aquel capaz de gobernar y ser gobernado. Aquel que participa en el debate y diálogo público. La base de todo ello: el “logos” (razón, lenguaje, palabra). Todo ello condición sine que non para la existencia de esa forma de organizar las relaciones entre los seres humanos que llamamos “democracia”.

Por todo lo dicho podemos concluir que no puede existir una democracia sin ejercicio de la ciudadanía y si a la ciudadanía se le roba la palabra y la información verídica, así como si la “polis” está invadida por palabras manipuladas y con significados muchas veces muy alejados de su significado original.

Llevamos mucho tiempo asistiendo a una descarada manipulación del lenguaje, asistiendo a cambios de significado en relación con los intereses de los poderes (sobre todo económicos). Juego de adulteraciones, juego de ocultamientos, de visibilidades parciales, inyecciones de miedo. Todo convertido en “información”.

La política hoy es el dominio por medio del miedo, un miedo distribuido pedagógicamente a una llamada “ciudadanía” muy alejada de su significado clásico. Ser ciudadano no es votar y obedecer. Ser ciudadano es participar en los asuntos públicos, ser capaz de crear nuevos sentidos sociales y defender la libertad de institución más allá de la imposición de modos de vivir (también de pensar y sentir).

Cada vez se hace más evidente lo que cada vez se trata de ocultar más: educar para una ciudadanía activa, culta y libre es primera necesidad para poder vivir sin permitir golpes de Estado: a las instituciones democráticas, a la libertad de sentir (no se trata de sentir solo miedo), al bienestar social. Golpes de Estado más sutiles que los militares, incluso más letales para la destrucción de la confianza en la humanidad de las personas.

Aún quedan más posibilidades de golpear la libertad, tantas como posibilidades de dirigirnos hacia el fondo de una mala educación ciudadana: en el miedo, en la brutalidad de la explotación convertida en algo “evidente” porque se nos dice que “no hay otra alternativa” que allanar el camino del neo-liberalismo fúnebre. Una paradoja: el comunismo no servía, el neo-liberalismo destroza sociedades y vidas, pero quien sale perdiendo es la socialdemocracia (habrá que reflexionar en otro momento sobre ello). Se trata de que pensemos que ser ciudadano no sirve para vivir en esta moderna videocracia en la que las evidencias se disuelven en un juego de representaciones / construcciones que no somos capaces de desmontar debido a la pedagogía del no pensar y delegar a la que se somete a la sociedad.

Capitalismo (y sobre todo capitalismo neo-liberal) y democracia son filosóficamente incompatibles. Bajo las condiciones impuestas del capitalismo no es posible la libertad ciudadana.

Quizás convenga no olvidar que la palabra “liberalismo” y muchas ideas “liberales” en su origen eran interesantes: se trataba de defender la libertad ciudadana, la libertad del individuo frente a tantas imposiciones sociales, tradicionales, religiosas…Crear una forma de convivir lo más abierta y libre posible.

Hoy vemos a “liberales” que solo lo son solo para justificar la rapiña económica, para denostar el laicismo (¿cómo puede haber una sociedad liberal con imposiciones religiosas o de otro tipo?). “Liberales” que nos hablan de la primacía del pueblo y las costumbres sobre los individuos (los nacionalistas defienden tal tipo de “liberalismo”, por supuesto con las consignas que ellos inyectan aliñadas de tal modo que parece venden libertad). “Liberales” que apoyan el neo-liberalismo, perversión economicista extrema del liberalismo clásico, intento de hacer de la socialdemocracia liberal un ateísmo, una infidelidad a la teocracia económica y la política que la mantiene. “Liberales” para defender / consentir el mal, al abuso de poder (Cfr. Bernstein, R.J. El abuso del mal).

Todos aquellos que son, quieren ser, ingenieros de almas, porque son los que “saben”, los amos del “logos”, los creadores de lenguaje…

Se nos olvida muchas veces: quien crea el significado del concepto crea poder.

3 de Diciembre de 2011

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Educación. Guarda el enlace permanente.