La Filosofía como ayuda intelectual al arte de vivir (1)


Emilio Roger Ciurana

“Más no basta con que nuestra formación no nos estropee: preciso es que nos haga mejores” (Montaigne)

¿Por qué filosofía hoy? Veo el asunto en dos niveles:

a)   ¿Por qué filosofía apostar hoy? La verdad es que no sé por qué filosofía apostar si es que tengo que aconsejar a alguien. Lo que puedo decir es la que me sirve a mí, hasta nuevo aviso. Igual que pienso que todo discurso del método es un discurso de circunstancias pienso que la filosofía también tiene su circunstancia, su ahora, su presente. Porque vivimos realidades cambiantes para las que creo que no es muy bueno tener mucho apego a ideas y verdades absolutas si es que queremos que lo que pensamos tenga alguna pertinencia respecto del contexto vital. Un contexto en la que la incertidumbre es difícilmente eliminable: si de algo podemos estar seguros es que no podemos estar seguros de nada. Dicho de otro modo cometemos muchísimas veces el error de subestimar el error, nuestra capacidad de cometer errores. En ese sentido la segunda ley de la termodinámica también creo que tiene su aplicación a las ideas. La cosa es interesante, me parece, pues nos invita a seguir pensando y tratando de crear nuevos sentidos, nos abre posibilidades.

b)   Por otra parte ¿hay que justificar la filosofía hoy en un presente en el que las humanidades sufren una degradación y desprecio institucional lamentable? ¿Hay que justificar la filosofía en esta época en la que la mentalidad unidimensionalizante e instrumental, neoliberal, trata de recubrirlo todo, de aplanarlo todo?

¿Qué espesor de ideología (falsa conciencia) se ha apoderado o pretende apoderarse de nuestra mente como para no darnos cuenta (o para olvidar) que sin filosofía y humanidades no puede existir democracia y por lo tanto no pueden existir ciudadanos?

¿Cómo es posible una sociedad (polis) abierta, de ciudadanos capacitados para el vivir y el con-vivir si esos ciudadanos no son “excelentes”? Con razón, me parece, decía Ortega y Gasset que sin excelencia intelectual y ejemplaridad política todo queda reducido a una sociedad de “masas democráticas” orientadas por pedagogías unidimensionalizantes, conformistas y tendentes al apoliticismo.

Según mi parecer uno de los papeles de la filosofía es educar la democracia y para la democracia, participar intelectualmente en la constante creación de esa forma de vivir en común que es la democracia en una época tan irreflexiva y en la que, de forma hipócrita e interesada por parte de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, se discute la necesidad o no de educar para la ciudadanía. ¿Acaso –pregunto- hay que educar para otra cosa? ¿Acaso hay algo más importante que educar para la libertad? Es decir: ayudar a la gente para que construya su libertad, proporcionar herramientas intelectuales, estrategias de pensamiento para vivir en la diversidad, vivir con el otro diverso, extraño, caótico (difícilmente integrable en nuestros esquemas mentales). Sea el otro cercano o menos cercano. Educar para ejercer la capacidad del arte de la dialógica. Educar para saber vivir en la intemperie porque me parece que no hay adquisición humana que sea firme ni dioses que garanticen ninguna moral en términos absolutos. Pero confundimos muchas veces educar para la sociedad y educar para la libertad. En todo caso quizás alguien me pueda explicar ¿para qué sirve que una persona sepa muchas matemáticas, por ejemplo, o sea una lumbrera en ciencias biológicas si no sabe convivir con sus congéneres o no sabe cuidar de sí mismo? ¿Y cómo va a cuidar uno de los demás si no sabe cuidar de sí mismo? ¿Cómo va uno a gobernar si no sabe  gobernarse ni ser gobernado? ¿Cómo dice uno que conoce y tiene la verdad sobre el mundo y no se conoce a sí mismo aunque sea un poco? Estas cosas no solo requieren de teoría sino también de experiencia vivida. Y si algo tengo claro, de lo poco que tengo claro, es que como decía Montaigne la filosofía es aquello que ayuda a vivir, y si no para que queremos filosofía. Este autor (Montaigne) se mofaba de aquellos que “conocen bien a Galeno, más no al enfermo”[2], los que conocen las leyes pero no saben aplicarlas porque no las han entendido. Saben la teoría de todo pero no saben ponerla en práctica. También decía, citando a Séneca “aprendemos no para la vida sino para la escuela”. Dicho de otro modo aprendemos más para la repetición mecánica que para la libertad creativa.

¿Qué tipo de ser humano es aquel que no tiene capacidad ciudadana, ni capacidad de decidir su vida, su ser, su sentido? ¿Lo llamamos “rebaño” que necesita de los “Predicadores de la muerte” en palabras de Nietzsche? ¿Un ser tutelado que prefiere que le indiquen lo que ha de hacer en vez de atreverse a pensar por sí mismo, en palabras de Kant? ¿Un decadente incapaz de construir caminos? ¿Un débil, en palabras de Oscar Wilde, es decir, aquel carente de imaginación?

Da igual como lo califiquemos, pero me parece que un ser humano con la imaginación paralizada, incapaz de construir caminos, sentidos, diversidad, tutelado, tiene muy poca humanidad, porque no es un ser creativo. A mí me parece que le leí a Spinoza algo así como que (cito de memoria) la alegría es la sensación que uno tiene cuando aumenta su capacidad de acción. Ello explica estos tiempos un tanto tristes y en los que el miedo y el desanimo se apodera cada vez más del personal. También creo que decía Spinoza algo así como que ante los acontecimientos humanos no tiene sentido reír ni llorar, solo se trata de comprenderlos. La verdad es que el miedo y la incapacidad de comprender juntos hacen estragos en el ser humano. Se filosofa también para no tener miedo: quien comprende por qué ocurre algo quizás no pueda cambiarlo o solo pueda cambar algo, pero puede dejar de tener miedo. Quien comprende puede vivir mejor, con más libertad, más alegre, porque se puede acrecentar su capacidad de acción frente a lo paralizador del miedo.

No seré yo quien proporcione una definición esencialista del ser humano, entre otras cosas porque me parece una pérdida de tiempo (sería proporcionar una interpretación más, otro reajuste histórico) enfrascarnos en búsquedas de esencias, verdades irrefutables, fundamentos primeros, orígenes, etc., no sea cosa que como dice Foucault (en la estela de Nietzsche) el propio hombre que se consideró de origen divino acaba por descubrir que en realidad en su comienzo estaba el mono[3] (un mono que nos muestra comprensivo sus dientes para decirnos con gestos de exclamación que no sigamos por ese camino) más que la perfección y la identidad absoluta. Bien pensado la cosa no está tan mal, la ausencia de fundamentos absolutos, de verdades evidentes, de sentidos claros…nos abre la puerta a la creación de posibilidades, debido a la ausencia de determinaciones originarias.

Dicho esto me parece que la definición canónica del ser humano como “animal racional”, “animal político”, “animal que habla”, si no es desarrollada más allá del slogan (que queda muy bonito) puede servir incluso para reducirnos a esclavos/súbditos que obedecemos la palabra del amo (en singular o en plural y sea quien sea el amo o los amos). Sobre todo en esta época en la que la manipulación del lenguaje y del significado de las palabras es tan alarmante. Significados manipulados que solo cabe entender de una manera, si previamente se han distribuido con su correspondiente y determinada pedagogía. Otra vez Montaigne: “el uso nos oculta el verdadero rostro de las cosas”.

Emilio Lledó lo ha escrito de forma muy clara refiriéndose a esta época en la que el “tener” prima sobre el “ser” y uno aprende a “ser” –nos dice- si se le facilita una educación para ello. Dice así Lledó: “¿Qué importa la libertad de expresión si lo que expresamos es el discurso estúpido y vacío de las palabras mal sabidas, de los conceptos manipulados, incluso por nosotros mismos, de las ideas estereotipadas, convertidas en pringue ideológica que se recalienta en el rescoldo de nuestros miedos y de nuestros intereses?”[4].

Porque si se trata de pensar lo primero es aprender a pensar si es que queremos tener algo que decir. Si es que queremos que la “libertad de expresión” no se convierta en lo que muchas veces es: expresión de consignas ideológicas vacías, no pensadas.

Kant lo expresó muy claro en sus escritos sobre pedagogía: educar no es enseñar pensamientos, educar es enseñar a pensar, para que podamos tener algo coherente, interesante, que decir. Y si no es así ¿de qué y para qué sirve la libertad de expresión? ¿Para vivir en el autoengaño de que nos expresamos libremente dentro de tableros de juego impuestos? ¿Dentro de marcos de debate en los que se nos dice (a veces de forma tan sutil que ni lo percibimos)  aquello de lo que se puede hablar y aquello de lo que no se puede hablar?

¿De qué se trata entonces? No se trata tanto de ver cuanto de educar la mirada, la forma de ver. ¿Para qué sirve llenarle la cabeza de datos a una persona, a un alumno, si no se le enseña a organizar esos datos para crear conocimiento? No está mal aprender datos, lo que no está bien es el no incidir en el nivel de las estructuras de pensamiento, el no incidir en la posibilidad de proporcionar estrategias de pensamiento para posibilitar un mejor conocimiento (más pertinente) y una mayor libertad.

La versión de la filosofía que me interesa es la que se ocupa del saber / conocer para vivir, más que del vivir para conocer (que es una tarea contra la que no tengo nada personal, pero me interesa más lo primero que he dicho). Digamos que en la historia de la filosofía nos encontramos con filósofos que viven para conocer y otros que conocen para vivir, que tratan de generar saber para la vida. Los que viven para pensar y los que piensan para vivir (sería maravilloso conjugar ambas formas de filosofar).

En realidad difícil, imposible, es definir qué es en esencia la vida, pero me parece que tenían razón algunos pensadores clásicos cuando decían que la vida es lo que ocurre mientras estamos haciendo otros planes, mientras nos estamos preguntando si hay vida después de la muerte sin darnos cuenta de que por lo menos hay vida antes de la muerte. Esa vida que vivimos a cada instante como nos recuerda Epicuro. Esa vida que no se detiene para recordarte que se te está escapando y solo tú mismo eres el único que puede ser consciente de ello, de tu vida, como nos recuerda Séneca. Esa vida, también,  que debido al afán de duplicar mundos por parte de algunos filósofos tiene menos valor que los mundos ideales, mundos que nadie ha conocido y desde los que se trata de ahormar el mundo en el que estamos y moralizar / dirigir nuestro modo de vivir. Se trata obviamente de ese desmesurado afán que algunos suelen tener en imponer ficciones / verdades disfrazadas de evidencias. Obviamente la vida no es fácil, es dura, es trágica a veces, lo sabemos por experiencia. Creo que es cierto que para vivir y dar sentido a nuestras vidas necesitamos construir ficciones, no podemos vivir sin ficciones, pero creo que haríamos prueba de honestidad filosófica defendiendo la posibilidad de perspectivas frente a la ficción suprema de las verdades absolutas y evidentes[5]. Defender perspectivas no es defender el relativismo sino tener sentido de la relatividad relacional y de la dialógica. Defender la diversidad frente a la estrechez de miras (“un hombre cabal es un hombre mezclado[6]” nos dice Montaigne), defender la posibilidad de de vivir en relación con lo diverso, complementario, antagonista a veces. No existe cultura en el mundo capaz de representar por sí sola la “verdad” de la vida humana. Es necesario por lo tanto abrir y ampliar horizontes, dirigirnos hacia la trans-culturalidad para complejizar nuestra identidad. No alcanzo a ver como se podría hablar de una comunidad moral para la humanidad si no nos basamos en la solidaridad de las diferencias por decirlo en palabras de R. Jahanbegloo o en una ética de la comprensión más que del tener razón. A veces discutimos más por afán de tener razón que por aprender algo del otro. Creo que muchas veces no comprendemos que “verdades” incompatibles en un nivel superficial se resuelven en un nivel más profundo. Vivir en un mundo plural creo que requiere de un cierto sentido de la paradoja, de una inteligencia capaz de convivir con muchas contradicciones (algunas aparentes y otras reales).

Decía pues que del hecho de que la vida no sea un camino de rosas no necesariamente se deduce la creación de mundos que nieguen o devalúen el mundo que vivimos porque muchas veces sea más o menos soportable. Supongo que estaremos de acuerdo en que una actitud filosófica liberadora debe muchas veces plantar cara a tanto narcótico que pasando por ser “verdadero” acaba convirtiéndose en instrumento de poder por parte de esa especie de humanos conocida como “ingenieros de almas”, ingenieros de almas de todo tipo. La historia de la filosofía nos muestra que, efectivamente, no es fácil presentar batalla a mucha hipocresía moral, a tanta ley de la costumbre que acaba funcionando como pensamiento consciente. Esa costumbre, “violenta y traidora maestra de escuela” que “nos pone por encima la bota de su autoridad”, que trata de “dar forma a nuestra vida”[7] (Montaigne). Mucho tiempo antes que Nietzsche hablaba Montaigne de que lo que llamamos “conciencia” se confunde muchas veces con la conciencia del grupo. De ahí muchas veces la mala conciencia, la culpa… Esa conciencia que sirve de mecanismo de comunicación entre los que mandan y los que obedecen.

Epicuro, Montaigne, Goethe, Nietzsche, Wilde, Ortega y Gasset, tantos otros, nos han insistido en ello: hay que agarrar la vida antes de que se nos escape. Luego ya veremos. De momento entre la antropología de la muerte expresada en Fedón y el elogio del vivir de Epicuro me quedo con lo último. Supongo que seamos o no afines a las ideas de Epicuro todos tenemos la suficiente capacidad filosófica para no confundirlo con un utilitarista[8] torpe y un hedonista play boy. La filosofía es necesaria (y útil) porque el ser humano necesita para vivir como “ser humano” del conocimiento, de la libertad y de la amistad (ser individuo no está reñido con la relación con los demás). La filosofía nos puede ayudar a cultivar estas facetas si nos dotamos de buenas estrategias de pensamiento. Efectivamente, la filosofía es necesaria para el cuidado del alma, del ánimo, del bienestar, del vivir con calidad. Y si algo nos quita hoy mucha calidad de vida es el estar bajo el dominio de tanta ficción que hay que desenmascarar para poder eliminar tantas ansiedades y miedos. En ese sentido creo que una de las funciones prácticas del conocimiento es la de desenmascarar y destruir tantas ilusiones (“vanas opiniones”, “opiniones sin sentido”, Epicuro) creadas por los mass-media, por los diversos poderes políticos, económicos, religiosos, etc., que nos des-estabilizan y embrutecen el alma. Sin duda alguna es muy difícil la convivencia entre sujetos inestables, demasiado sujetados a las lógicas que el sistema pedagógicamente distribuye. En ese sentido es en el que creo que el conocimiento es útil para vivir mejor.

La filosofía por sí misma no cambia el mundo, pero puede permitirnos ver el mundo de un modo diferente. Nos puede ayudar a cambiar de perspectiva. Es posible que un cambio en la forma de mirar ya nos proporcione otro modo de estar. No es poca cosa y a lo mejor de eso se trata. Más que de imponer verdades (que siempre acaban no siendo tan verdades) se trata de proporcionar pistas para la reflexión. Las cosas no cambian si uno no cambia su percepción del mundo, la realidad se puede leer de muchas maneras. Se puede construir de muchas maneras. Henry James, uno de los grandes artistas de todos los tiempos peleó toda su vida por el poder, por el poder de la cultura, porque, decía, que la mayor libertad del ser humano es la de la independencia para pensar que permite al artista (todos podemos ser artistas, creadores de sentido) sacar provecho de la “agresividad de los infinitos modos de ser”.  James dijo una cosa magnífica “debemos construir a toda costa nuestras propias contrarrealidades”. Era una época, la de James en la que se hundía toda una civilización, muere James en 1916, durante la Gran Guerra. Yo me atrevo a decir que vivimos una época en la que estamos dejando hundir elementos culturales y humanistas que costó siglos edificar (no estaría mal, por ejemplo, que se le diese un repaso al libro de J. Llovet titulado “Adiós a la Universidad. El eclipse de las humanidades”). Elementos culturales que grandes pensadores aportaron como podemos constatar cuando leemos libros de filosofía, literatura, política, etc. Elementos culturales que esta época está dejando perder, elementos culturales que nos llegan desde la paideia griega, la humanitas romana, el humanismo renacentista…, etc. Dicho esto no me quedo mirando el pasado y despreciando adquisiciones nuevas.

¿Por qué filosofía hoy? Claro que hay que apostar por la filosofía porque ello implica apostar por la cultura, la educación y la decencia como seres humanos en una época políticamente bastante indecente.

Crear contrarrealidad implica pensar antes la realidad. Se trata de un asunto epistemológico por lo tanto, que después desemboca en lo político (en sentido de polis, de convivencia cívica). Ello es un asunto individual y social a la vez, pero sobre todo individual, se trata del cuidado de sí. Seguramente cuanto más se cuide uno a sí mismo, cuanta más lucidez sea capaz de generar sobre sí mismo y lo que le rodea, más podrá quizás cuidar del otro.

Acabaré hablando un poco de epistemología, de lenguaje y de valores. El cómo se usa el lenguaje es fundamental en el modo de percibirnos unos a otros. Aprendemos culturalmente a valorar. Nuestras valoraciones, por ejemplo, sobre los gay, los gitanos, los extranjeros, etc., son valoraciones ideológicamente aprendidas que nos parecen evidentes una vez instaladas en nuestro imaginario mental. Muchas interpretaciones son impuestas por la clase política  que domina o facilita la llamada “gobernabilidad” (Marx), gran parte de nuestra moral es la imposición de la moral de la clase en el poder (Stuart Mill). Una vez establecidas estas interpretaciones resulta ya muy fácil distinguir entre dos imaginarios: el nosotros y los otros; lo normal y lo anormal, los que están en la verdad y los que mienten…

Ortega y Gasset otra vez, el hombre solo alcanzará la libertad liberándose de la necesidad y negándose como don Quijote a ser “como las cosas”. Frente a tantos determinismos y de tantos tipos filosofía y conciencia de la auto-determinación libre por necesidad andan juntas. A ello cabe añadir que un hombre creativo y culto (solo la cultura es liberadora) entiendo que debe ser perspectivista, la única forma de vivir en la diversidad y en la tolerancia (de lo que es admisible, no de la tolerancia absoluta, lo que ocurre es que los márgenes de lo admisible quizás sean más amplios que los márgenes establecidos por las morales dominantes – o que pretenden ejercer un dominio general-  en nuestras sociedades).

Los seres humanos vivimos la vida tal como la pensamos y a lo mejor resulta que no la estamos pensando de un modo muy pertinente. Uno vive como piensa y el problema es que muchísimas veces lo que uno piensa ya se lo dan pensado. Uno vive instalado en un formato ideológico sin darse cuenta de ello. Hay tres ideas básicas que creo puede resumir toda mi intervención y a grandes rasgos mi visión del “por qué filosofía hoy”:

  1. Filosofía como ayuda intelectual para el arte de vivir. Para el que cada uno sea artista de su vida y se construya, se invente, como individuo. Filosofía, arte, creación…Se trata de términos inseparables. Foucault estaba preocupado por lo siguiente: “lo que sorprende es que en nuestra sociedad el arte ya solo tenga relación con los objetos y no con los individuos y con la vida”. En ese sentido creo que es importante la filosofía como ayuda a la estética de la vida, a la estilización de la existencia.
  2. Filosofía como reflexión de segundo orden sobre el lenguaje, sobre las palabras que usamos en nuestras relaciones interpersonales. En ese sentido es posible que deshagamos muchas confusiones si utilizamos con propiedad las palabras. Porque muchos malentendidos se producen por manipulación de las palabras arreglo a diversos intereses ideológicos. Necesitamos hablar bien para pensar bien y pensar bien para hablar bien. En síntesis, expresar bien lo que pensamos y pensar bien lo que decimos. Lo peor que puede ocurrir en las relaciones sociales, culturales, políticas, es la confusión. Filosofar implica buscar claridad y tener disposición a equivocarnos. Como decía Gadamer refiriéndose a lo que es la “hermenéutica”, se trata también del arte de poder no tener razón. Filosofar implica estar dispuesto a ser decepcionado. La decepción, el descontento que nos puede llegar por la contradicción que experimentamos muchas veces entre lo que creemos que es y lo que se manifiesta empíricamente que es. La búsqueda de claridad, la búsqueda de la adecuación de nuestros discursos sobre el mundo puede llevarnos a la claridad de que estamos equivocados. Recuerdo lo que escribe  Epícteto en su Manual o Enquiridion V: los hombres no son perturbados por las cosas sino por las opiniones sobre ellas. Pensar nuestras opiniones sobre todo porque tenemos opiniones de todo y muchas veces esas opiniones no se basan en buenos análisis conceptuales.

Desconocemos o manipulamos muchas veces el significado de muchas palabras como “democracia”, “laicismo”, “ciudadano”, “individuo”, “sociedad civil”, “libertad”, “verdad”, “conocimiento”…Son palabras que se prestan a ideologizaciones y burdas manipulaciones (no solo fuera sino incluso dentro de las instituciones educativas). Creo que existe una relación clara entre desconocimiento del significado de las palabras y facilidad de manipulación y fanatismo. En ese sentido creo que el mayor enemigo de la libertad y de la calidad de vida es el desconocimiento.

  1. Por último quiero hacer referencia a la necesidad del conocimiento del conocimiento. Muchísimas veces juzgamos y opinamos sumidos en el desconocimiento y a partir de desafortunadas o simplificantes lecturas de la realidad. Uno de los errores que solemos cometer (no siempre) es el de enjuiciar el hoy con criterios des-contextualizados, el pensar nuevos problemas con visiones ideológicas gastadas o que respondían a contextos, problemas y épocas diferentes (la filosofía necesita de una constante reactualización, es posible que un Aristóteles hoy pensase en algunas cosas de un modo diferente porque los problemas también son diferentes, la filosofía es algo vivo y en constante proceso de construcción, reconstrucción, revisión, no podemos olvidar el factor tiempo). Se trata entonces de producir estrategias de pensamiento lo más pertinentes posible a los contextos en los que nuestras acciones se van a ejecutar. Se trata, no menos importante, de prestar atención al inconsciente fenómeno de la disonancia cognitiva, el autoengaño, la autojustificación.   El problema del conocimiento no es solo asunto de epistemología, concierne también a lo político. La base de la ética y de la acción política está en el pensar bien (no en el ser bien pensados). No me parece intempestiva sino que viene muy a cuento hoy esa imagen que traza Nietzsche cuando habla de auscultar los ídolos, poner el oído cerca y golpeándolos un poco ver que sonido producen, muchos ídolos bien auscultados suenan hueco. Tampoco me parece descaminada la idea que expresa Stuart Mill cuando habla de que las emociones también se educan (ahora está muy de moda hablar de ello por los modernos psicólogos, etc.) y cómo tenemos un muy emocional apego a nuestras ideas y creencias. Lo cual como dice Edgar Morin explica la virulencia y violencia con la que muchas veces defendemos nuestras ideas y creencias.

Pensar por lo tanto con la conciencia del error y del falibilismo. Pensar con la conciencia de que el único pensamiento que vale es el que se mantiene a la temperatura de su propia destrucción (E. Morin) quizás no esté mal tenerlo siempre en mente.

Podría resumirlo todo con las palabras de B. Gracián cuando escribe: “¿De qué sirve el saber, si no es práctico? Y el saber vivir hoy es el verdadero saber” Par. 232, Oráculo manual y arte de prudencia.

Por último quisiera recordar que en un Cancionero Apócrifo un tal Abel Martín dijo que

                   “Confiamos

                  en que no será verdad

                  nada de lo que pensamos”

Abril de 2012


[1] Conferencia impartida el 27 de abril en el  II Seminario Extraordinario de Filosofía: ¿Por qué filosofía hoy? Del 20 de abril al 21 de junio, organizado por la Asociación de Estudiantes de Filosofía “Gárgola Vacas” y Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valladolid. España.

[2] Cfr. Montaigne, M. Ensayos. L. I, Cap. XXV. Del Magisterio.

[3] Me refiero a la referencia que hace Foucault en Nietzsche, La Genealogía y La Historia, reflexionando sobre “las solemnidades del origen”, al parágrafo 49 de Aurora de Nietzsche.

[4] Lledó, E. Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática. Prensas Universitarias de Zaragoza. Zaragoza. 2009.

[5] Siempre tengo en mente la obra de Lessing “Nathan el Sabio” o la Novela Tercera de la Primera Jornada de El Decamerón en el que se narra el cuento de los tres anillos. ¿Cuál de los tres es el verdadero?

[6] Montaigne, M. Ensayos. L. III, Cap. IX. De la vanidad.

[7] Montaigne, M. Ensayos. L. I, Cap. XXIII. De la costumbre y de cómo no se cambia fácilmente una ley recibida.

[8] Respecto al término “utilitarismo” habría mucho que decir, debatir, etc. Creo que es uno de los términos más manipulados y mal comprendidos por parte de algunos sectores de la filosofía demasiado apegados a las llamadas “éticas del deber”. Los términos “útil”, “utilidad” pueden leerse de muchos modos: creo que por ejemplo no tiene el término “útil” la misma connotación ni la misma intención cuando expreso que tener amigos es útil para ser más felices y vivir con más calidad de vida que cuando expreso que tener amigos es útil para pegarles “sablazos” económicos o para aprovecharnos de ellos. En todo caso en Aristóteles ya se encuentran trazos de una moral utilitaria (según escribe E. Lledó) cuando expresa en la Ética a Nicómaco que “Nadie elegiría la vida si tuviera que estar solo” (EN, VIII, 1, 1155a 5). Necesitamos de los otros porque de lo contrario no podemos sobrevivir. El problema a mi juicio es que, efectivamente vivimos bajo un régimen capitalista voraz que, efectivamente solo entiende por utilidad lo que se reduce al individualismo egoísta disfrazado de “acción racional”, etc., y ese es el significado que al término “utilitarismo” solemos adosar. Y no es lo mismo ser individualista que ser un egoísta. Oscar Wilde lo resume muy bien: “el egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es pedir a los demás que vivan como uno quiere vivir”. Creo que se trata entonces de pensar modelos de vivir en comunidad posibilitando (o no impidiendo) el desarrollo individual. Más aún teniendo en cuenta que en relación a los valores que se suelen considerar fundamentales unos son compatibles con los otros y otros no, y por lo tanto es necesario elegir, como creo que lo indica muy bien I. Berlin. Sabiendo que –nos dice este autor- cuando hay que elegir entre valores y fines incompatibles hay que saber aceptar trágicas pérdidas. Hoy en día podemos constatar con mucha facilidad como constantemente se trata de imponer al individuo, desde la economía, desde la religión, etc., cómo debe vivir, pensar, creer, ver el mundo, la vida. Imponer implica negar la posibilidad de elegir.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.