Prueba de resistencia

IMG_0054_1PRUEBA DE RESISTENCIA

España es un experimento: los poderes neoliberales están sometiendo a los españoles a una prueba de resistencia. No se trata de probar solo la resistencia económica de los españoles que ya va comenzando a dar señales más que evidentes de cansancio, llegando a sobrepasar en muchos casos los límites que convierten a un ser humano en un ser humillado, deshumanizado, anómico (Durkheim), alienado (Marx). Estamos sometidos a otro tipo de prueba: nuestra capacidad de tolerar la indignidad moral y política reflejados en el  neoconservadurismo moral, el catolicismo atávico y reaccionario, la mentira y una población que enajena lo más importante: su capacidad de ser ciudadanos capaces de gobernar y de ser gobernados en una democracia de derechos y deberes, de responsabilidad y ejemplaridad. Una población que enajena sus derechos sociales, políticos y económicos y los pone en manos de políticos que gobiernan gracias al voto “ciudadano” para que estos políticos “popularmente” elegidos enajenen lo público en manos privadas. Desde las agencias calificadoras internacionales que, de modo muy interesado y con poca solvencia antropológica[1] y cultural, declaran quien es o no es solvente económicamente, hasta los caballos de Troya de Goldman Sachs y Lehman Brothers, ministros y presidentes de estados democráticos algunos de ellos y ejemplares poderosos en los órganos de gobierno de la Banca Internacional algunos otros, FMI, Banco de Europa, etc., todos, decimos, con gran solvencia nos muestran el camino y solo ese camino: no hay otro (predican). Se trata de salvarnos gracias a la aplicación terapéutica de aquello que provoca la enfermedad. Dicho con claridad: el campo de concentración democrático – neoliberal.

Destruyendo las humanidades se destruye la educación; mercantilizando la cultura se destruye lo humano; privatizando la información y el saber se controla a la población. Construyendo y distribuyendo ideología se domina con la tranquilidad de que aquellos que son engañados por los ideólogos obedecerán con tranquilidad. Un ciudadano con miedo necesita de un pastor que le guíe. Un ciudadano con miedo incumple el mandato de la Ilustración: atrévete a pensar.

Es posible que sea insoportable y cree pánico el saber dónde estamos hoy y ello nos inmovilice. Como escribe J. Ramoneda en El País (“La democracia, en peligro”, 2 / 12 / 2012) citando a Foucault: “en el terror, es la verdad, y no la mentira, lo que nos inmoviliza”. La conciencia de lo que nos estamos jugando, de lo que estamos enajenado, de la indignidad moral y política que estamos soportando debería abofetearnos el rostro de tal modo que, conscientes de la servidumbre voluntaria que padecemos, nos llevase a abrir la puerta antes de la asfixia por falta de aire.

El proyecto de la filosofía es el de una vida emancipada de dioses y tiranos. Igual que puede existir una ética sin religión, puede existir una filosofía no deudora de la teología. Dicho de otro modo, al igual que capitalismo y democracia son incompatibles[2] no menos incompatibles son teología y antropología[3]. La clave de la filosofía es el perspectivismo y no la entronización de lo Uno, es el diálogo entre iguales y no el monólogo del que “sabe”. Esta crisis sistémica que nos envuelve es, si sabemos leerla, otra manifestación de la mentalidad de lo Uno, de las verdades absolutas impuestas por los que “saben” a aquellos que ni saben ni se molestan en saber (porque así han sido educados). La entronización metafísica de lo Uno es una buena ayuda que la filosofía hace al poder.

Educar para obedecer no es educar para la democracia. No saber que la polis necesita buenos ciudadanos, con indiferencia de si son buenos o malos creyentes, nos incapacita para la convivencia. Colocar al mismo nivel, por ejemplo, la asignatura de educación para la ciudadanía y la de religión (católica, y además como asignatura evaluable) e incluso devaluar la primera a favor de la segunda es educar a seres humanos que otorgan más poder a los que gobiernan en nombre de Dios que el poder que deberían otorgarse a sí mismos como ciudadanos. La historia antropológica de la religión es interesante, el catecismo particular de una religión es asunto que solo debe interesar a quien profesa esa religión. Colocar, por otra parte,  la nación por encima de lo libertad del individuo es otra forma de enajenación. Más aún cuando gran parte de los líderes nacionalistas son fieles seguidores de lo Uno y tratan de imponerlo. En ese sentido se trata de lo mismo: la ideología de la clase[4] en el poder.

Si no lo queremos decir en palabras de Marx (falsa conciencia, crítica de la ideología) lo podemos decir en palabras de Stuart Mill (un liberal consecuente, ni ha habido ni hay muchos liberales que sean consecuentes): donde quiera que exista una clase dominante la moral de esa sociedad será la impuesta por esa clase en el poder[5]. ¿Cómo se impone? Por medio de la educación. Si un ser humano es lo que la educación hace de él podemos constatar cuál es el proyecto ideológico de ser humano que se encuentra en la connivencia entre poder político y religioso: ciudadanos obedientes y temerosos. Añadido esto a la indignidad económica que favorecen nuestros políticos “democráticamente elegidos” (y eso es lo que toman como legitimación para actuar y decidir incluso haciendo lo contrario de aquello para lo que fueron elegidos) nos lleva a la pregunta sobre cuanta indignidad somos capaces de soportar. El proyecto ideológico neoliberal hoy es más que evidente a todos los niveles.

La falta de ilustración general y de educación ciudadana dificulta cambiar las coordenadas y pensar cómo queremos vivir desde otras perspectivas. Por lo pronto una primera y fácil manera de comenzar a debilitar un poco las paredes del campo de concentración democrático neo-liberal es bajar el consumo. Dentro de esta  economía capitalista no consumir más que lo necesario es una muy buena forma de empoderamiento de la gente frente a los que defienden que de lo que se trata es de producir más, ganar menos y seguir consumiendo, porque, nos dicen, “es lo mejor para nosotros”. Lo que los defensores de lo Uno saben pero se esfuerzan en que los ciudadanos no sepamos es el inmenso poder que tenemos si lo sabemos ejercer. Ya sabemos hacia donde nos lleva una visión economicista de la vida (de momento  Europa, que se creía iba a ser un magnífico proyecto político y social, un espacio de convivencia, pluralismo cultural y solidaridad, está a punto de llegar a un 20% de ciudadanos en estado de pobreza[6], según nos informan los índices económicos. En todo caso estos pobres son considerados, desde los poderes económicos y políticos neoliberales como efectos colaterales, puras variables, simples números).

Quizás deberíamos cambiar de perspectiva: hacer una prueba de resistencia a aquellos que nos están probando, manipulando y humillando: deshumanizando. Es cuestión de elegir como queremos vivir.

Diciembre de 2012


1 Se trata de instituciones, las que rodean el entramado ideológico neoliberal, para las que el sufrimiento de los seres humanos y la pobreza pasan a segundo plano. Solo se trata del juego del poder financiero, un juego macabro sin el menor respeto a los Derechos Humanos ni capacidad de empatía, sin la cual no hay ética. Se trata también de la práctica de una política solo al servicio de una visión de la economía que no es decidida desde la política aunque sí es legalizada por la política.

[2] Como hemos escrito en otros lugares: no puede existir democracia allí donde la decisión política está secuestrada y determinada por poderes económicos que son irresponsables por lo que respecta a los efectos de sus decisiones.

[3] Una verdadera antropología es aquella que hace de lo humano el centro, no aquella que desplaza la centralidad hacia los dioses.

[4] Ciertamente sabemos que se ha discutido mucho el término “clase”. Se ha discutido sobre si hay o no hay clases sociales y hay bibliografía para dar y vender al respecto en el campo de la discusión teórico-social. No entremos en discusiones nominalistas: lo bien cierto es que cada día está más claro que existen los de arriba y los de abajo.

[5] Cfr. Mill, J.S. Sobre la libertad. Alianza Editorial. Madrid. 2005. La cita textual dice así: “En donde quiera que hay una clase dominante, una gran parte de la moralidad del país emana de sus intereses y de sus sentimientos de clase superior”, p. 64.

[6] Si miramos las cifras por estados podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, en algunos estados europeos,  los porcentajes de pobreza se están elevando por encima de ese 20%.

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