Sobre la buena educación

x“Pues es forzoso que sea comprendido a la primera el significado correspondiente a cada significante y que ese significado no requiera más demostración, si es que hemos de disponer de un criterio al que referir la cuestión objeto de investigación o la de difícil solución y también la dada por sabida” (Epicuro, Epístola de Epicuro a Heródoto, 38[1])

No hay nada más potencialmente subversivo (para los valores vigentes e impuestos como evidentes) que una persona educada. No hay nada más temible para el poder que el poder que puede tomar la gente bien educada. Pero somos incapaces de reaccionar ante la agresión de los que ejercen el poder (muchas veces por delegación de los que realmente tienen el poder) porque esa agresión va acompañada de una constante inyección de un estado de temor y duda que nos limita la mente y dificulta el ver más allá de la ilusión construida por medio de las palabras, una ilusión creada por los significados impuestos por el poder que nos hace dudar sobre la posibilidad de que en algún momento seamos nosotros quienes podemos estar en la razón y no lo sean los que siempre tienen razón porque son los que “saben lo que hay que hacer”.

La educación hoy, en el campo de concentración democrático neo-liberal en el que se ha convertido la sociedad, es un instrumento de control político y de capacitación para el trabajo en un incierto mercado económico en condiciones precarias y alienantes. Cuando digo “control político” me refiero a una educación que no fomenta la independencia de pensamiento ni estrategias mentales para convivir dentro de una gran diversidad de valores, ni fomenta los valores cívicos fundamentales. Más bien parece que la educación hoy sigue presa del modelo de la fábrica.

La necesidad de una urgente educación cívica (educación para la ciudadanía) se muestra en el hecho de que aún no somos capaces de comprender la diversidad cultural insertada en la unidad de los comunes derechos democráticos. No somos capaces de situarnos mentalmente en el espacio de la unitas multiplex: pensar a la vez la unidad y la diversidad. Pero no solo se trata de aprender valores cívicos sino que se trata de algo más importante: se trata de saber qué hacer con esos valores, es decir, saber manejar epistemológicamente los valores para poder vivir en un espacio social en el que se dan complementariedades y también se dan antagonismos. Vivir en un espacio social “complejo” es tener la capacidad de complejizar nuestra estructura de pensamiento. Solo podemos engarzar la dimensión ética en la política de un modo pertinente si somos capaces de saltar por encima de los esquemas mono-lógicos y ser más multidimensionales o multi-referenciales. La pertenencia a la polis no se siente cuando todos pensamos igual, se siente cuando todos convivimos en un espacio de sentido en el que lo individual y lo colectivo están en relación de diálogo respetuoso. Es decir, cuando el individuo es capaz de ir más allá de la opinión establecida y al mismo tiempo puede convivir con otras opiniones.

La principal competencia en la que se debe educar es la competencia epistemológica. Se trata de la mejor medicina preventiva frente a los virus del fanatismo, el fundamentalismo y la sumisión. Cuanta más competencia epistemológica desarrollemos más capaces podemos ser de detectar las dobles verdades, las dobles morales, las violencias y los temores que se ejercen por medio del discurso oficial del poder en el que el lenguaje se usa como mecanismo de sumisión, de instalación de estereotipos, falsificaciones de la experiencia, manipulación de significados…

Efectivamente, debemos estar en guardia sobre las manipulaciones del lenguaje: ser conscientes de lo que las palabras denotan y de lo fácil que es cambiar el significado y así cambiar la realidad expresada.

El poder lo es tanto más cuanto mejor falsifica lo real manipulando el lenguaje. Un ciudadano educado es aquel que muchas veces debe tener la competencia epistemológica de negar la realidad que el poder (es) le presenta como realidad auténtica. Por eso que si la educación puede ser subversiva potencialmente de lo que se trata (para los poderosos y amos de la verdad económica, moral y política) es de mal-educar, esto es, capacitar para obedecer. Negar desde las esferas de poder la educación para ser ciudadano tiene unas finalidades muy claras: formar ignorantes en civismo (de lo que se deduce que serán más manejables), inyectar una moral / religión particular en el espacio público e incapacitar a los individuos pare ejercer un pensamiento político autónomo. El cultivo de la ignorancia es el mejor garante para que la gente se convierta en sierva voluntaria.

Una sociedad que necesita “salvadores” que cumplen (dicen) con “su deber” por nuestro “bien” es una sociedad que carece de individuos que tengan capacidad de autonomía mental, por lo tanto individuos que deciden desde la ignorancia, el miedo y la confusión. No olvidemos el consejo epicúreo: ser consciente de lo que denotan las palabras es muy conveniente.

Abril de 2013


[1] Epicuro, Obras completas. Ediciones Cátedra. Madrid. 2005. Edición y traducción de José Vara.

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