MÁS SOBRE EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DEMOCRÁTICO NEO – LIBERAL

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Seguimos reflexionando (como ya hemos hecho en anteriores textos) sobre términos confusos, confusión de términos y creación de la confusión / distorsión terminológica. Ya sabemos que constantemente se manipula el lenguaje pare crear realidades e imágenes en las mentes de los gobernados por parte del poder. Recordemos también que cuando la ideología triunfa sobre la razón abierta (escépticamente educada y con conciencia de la incertidumbre) las consecuencias pueden ser devastadoras para una gran parte de la humanidad.

El triunfo de una política neo-liberal, y la lamentable visión tecno-economicista del ser humano en la que tal política se basa, es el triunfo de la confusión entre competitividad y competencia; el triunfo de la confusión entre producción y productividad. Triunfo que está llevando desde hace años a la pobreza de gran parte de la humanidad, a la destrucción constante de empleo y a la devastación de los tejidos sociales (que como todos sabemos se trata de tejidos muy sutiles y que necesitan un buen mantenimiento para que perduren).

Hoy en día la llamada “competencia” es la claudicación de los Estados en beneficio de las grandes multinacionales y lobbies económicos que se resuelve en la cada vez mayor explotación del trabajador que produce (“productividad”) a un bajísimo coste (para el que paga) a costa del sufrimiento económico y los derechos del trabajador, a costa de la calidad del producto, del desempleo y de la deslocalización (constante amenaza de las grandes empresas).

Otro término interesante: la llamada “austeridad” es la cárcel en la que los gobiernos, rehenes de los lobbies económicos, rehenes de los expertos que “aconsejan” a nuestros políticos, que a su vez –estos últimos- son rehenes de las estadísticas y los sondeos, introducen a una población asustada, mal – educada[1] y sumisa (por temor y mala educación; se entiende entonces el círculo de retroalimentación que hace co-dependientes educación / sumisión / temor).

Se trata de poner en práctica una “austeridad” (por parte de la población obviamente) que pague los efectos de la especulación y lo que se ha dado en llamar la “rapiña global”. Una “austeridad” que mantenga la riqueza de unos pocos. Una “austeridad” que dentro de un estoicismo mal entendido haga sufrir rigurosamente a la población el efecto de los endeudamientos de los Estados permisivos, des-regulados. El efecto, también, de los endeudamientos (algunos excesivos) de ciudadanos educados (mal y de forma interesada[2]) en el espejismo de la cantidad, del tener más (creyendo que más es mejor), de la apariencia y del status.

¿Qué significa pensar? A mi modesto entender una de las connotaciones del pensar es la lucha contra lo obvio (las obviedades creadas). La lucha contra el llamado “sentido común” (sentido común manipulado por políticos que usan las palabras “sentido común” como coletillas a sus expresiones para darles más realce y razón). Pensar es tratar de ver lo que el discurso dice y lo que no dice, lo que oculta. Pensar es por hablar en términos foucaultianos poner en cuestión el orden del discurso.

El orden del discurso político imperante, orden de la mentira y la manipulación (más que evidente a nivel institucional) no puede admitir que están destruyendo lo más productivo y creador: las humanidades, la cultura, la educación para lo público[3]. Ciertamente también es lo menos productivo para los que viven del orden del discurso imperante…

Paulo Freire decía (cito de memoria) que la educación no cambia el mundo pero puede cambiar a las personas que cambiarán el mundo.

Comencemos por combatir esta cultura del silencio y la obediencia en la que se está educando a la población haciéndole creer que libertad y democracia son lo mismo, reduciendo la última a ir a votar cada cuatro años y más aún haciendo creer a la población que los gobiernos están legitimados para hacer cualquier cosa por el hecho de llegar al poder por mayoría de votos y por el silencio de la llamada “mayoría silenciosa”. Creo que deberíamos tener mucho cuidado en no confundir libertad y democracia, no son lo mismo, aunque una sociedad bien educada en valores cívicos podría hacer converger en alto grado ambos términos, por supuesto dando valor a la palabra, al diálogo razonado, la información verídica, el rechazo firme de la mentira…

Septiembre de 2013


[1] Por “mala educación” entiendo, brevemente,  aquella educación que no educa para la libertad y el pensar autónomo y que educa para la obediencia y la sumisión.

[2] Ciertamente son los efectos que cabe esperar a partir de la destrucción, por parte de las autoridades ministeriales que se ocupan de la educación y la cultura, de todo lo que tenga que ver con las humanidades, pues no son productivas. Igual que no es productiva una educación para la ciudadanía. Las humanidades y la educación ciudadana no son productivas (a primera vista) materialmente. No nos damos cuenta de que una inversión positiva en educación y humanidades sería lo más productivo de cara a una sociedad de la calidad, del bienestar y de la primacía de lo humano y la cultura, pues podría fomentar el cambio en nuestro modo de producir, progresar y desarrollarnos (tres términos que tal como se entienden hoy nos llevan a una posible catástrofe planetaria). Que no se nos diga que no es posible otro tipo de economía, una economía, por ejemplo, que no arrastre / esclavice a la humanidad sino que sirva a la humanidad. Que no se nos diga que no hay más caminos que seguir salvo la línea trazada. Sin duda es posible una economía más real que no esté al servicio de los capitales financieros y los grandes especuladores, una economía real entendida como medio y no como fin último, una economía para el ser humano y no un ser humano al servicio de una economía irreal, virtual, pero al mismo tiempo productora de daños muy constatables. Lo productivo hoy es, para el neoliberalismo imperante, un ciudadano cualificado en obedecer y especializado laboralmente en hacer solo una cosa, incluso aunque no comprenda lo que está haciendo.

[3] Insisto en que otro tipo de educación puede posibilitar otro modo de ver el mundo, las relaciones económicas, las relaciones humanas y las relaciones de cada uno consigo mismo.

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