UN ENFOQUE ERRÓNEO AL PENSAR LOS FENÓMENOS SOCIALES Y UNA POSIBLE SALIDA (A MODO DE DIVERTIMENTO) [1]

Campos Avila 5580  solo

Emilio Roger Ciurana

 

Cuando pensamos fenómenos como la multiculturalidad, la identidad, la sociedad, la educación, etc., cometemos un error de enfoque:

  1. Pensamos como cosas lo que son procesos.
  2. Pensamos el conflicto como alteración de un orden al que hay que volver y no como posibilidad de cambio hacia estados más adecuados con los nuevos contextos.
  3. Pensamos en términos estáticos lo que son procesos dinámicos de transformación y morfogénesis.
  4. Pensamos en clave dicotómica y excluyente, sin capacidad de efectuar ningún tipo de dialógica.

Más allá de cuestiones de orden político y de impedimentos para el cambio (como ocurre en las dictaduras y los totalitarismos) se trata de un problema epistemológico de base: un problema de estructura de pensamiento.

Una estructura de pensamiento se instala en el cerebro del individuo vía educación y funciona de modo inconsciente haciéndonos ver la realidad de un modo determinado, también imponiendo modos de acción.

Cuando un individuo dice “yo pienso”, “yo veo” ¿se puede realmente afirmar que es así? ¿Hasta qué punto lo que uno piensa o hace no es la expresión del paradigma, modelo mental, estructura de pensamiento, reglas epistemológicas, tradiciones, modelos culturales, emociones, en los que ha sido educado?

El asunto de defender una racionalidad abierta es importante porque se trata de distinguir entre racionalidad abierta / racionalización / dogma. No nos damos cuenta de lo fácil que distorsionamos la realidad por medio de nuestros prejuicios no reflexionados.

Se trata entonces de pensar cómo pensamos, de conocer cómo conocemos. Detectar la lógica que se oculta detrás de las prácticas intelectuales dicotomizadoras, excluyentes, reduccionistas, unidimensionalizantes, que efectuamos en base a una concepción fotográfica y paralizante de la realidad:

– individuo / sociedad

– sujeto / objeto

– naturaleza (biología) / cultura

– acción racional / irracional / emocional

-eurocentrismo (universalista) / indigenismo  / comunitarismo /    relativismo

– liberalismo / socialismo

– vencedores / vencidos

En realidad pensamos abstrayendo las acciones de las situaciones (contexto) en las que se realizan. Pensamos en términos formales abstractos lo que es devenir y dinámico, irreductible al ser-esencia-sustancia. Castoriadis vio muy bien que se trata de una racionalidad, una lógica y una ontología que hemos heredado, que es muy seductora, pero que no se justifica desde esa racionalidad: la institucionalización de la razón en Occidente es arbitraria y relativa a la interpretación que Occidente hizo del ser. ¿Qué pasaría si nos convirtiésemos a otra ontología? ¿Por qué no pensar en términos de creación si queremos concebir / comprender el campo de lo social histórico?[2]. No hay posibilidad de creación sin tiempo y, desde el determinismo sustancialista, es imposible pensar el ser como creación, como tiempo, como organización[3].

Descontextualizamos y olvidamos lo que la etología del S. XX nos enseña: no se comporta igual el león en la jaula que en la selva. En la jaula un animal está cortado de sus interacciones contextuales, de sus relaciones posibles…

Una concepción fotográfica de la realidad nos lleva a reducirlo todo a una sola dimensión: la cultura, la identidad, la biología, la emoción, etc. Nos lleva a efectuar generalizaciones abstractas que carecen de realidad empírica casi siempre.

Decimos: “los judíos son unos usureros”; “los moros son sucios”; “las mujeres son…”. En el “son” y el “es” identificamos a una enorme multitud diversa, una enorme variedad de individuos. Error de Huntington, por ejemplo en su famoso “choque de civilizaciones”, donde no solo confunde dos términos “cultura” y “civilización” sino que además hace de los individuos meros reflejos especulares de supuestas civilizaciones.

De hecho los individuos no somos fáciles de distinguir a primera vista, por eso que había que obligar, por ejemplo, durante el nazismo a los judíos a llevar cosida en el abrigo la estrella de David para distinguirlos del resto de seres humanos; por eso que un cura lleva alzacuellos o se usa el velo islámico, etc.

De entrada se trata del error de pensar al individuo en función del grupo, como si su identidad fuese la del grupo y solo esa. Si nos fijamos es una lógica unidimensionalizante, una estructura de pensamiento reduccionista la que hace que veamos como identidad sólida lo que es falso que así sea: ni una cultura, ni un individuo somos identidades sólidas. Una cultura al igual que un individuo es un proceso en constante construcción, una identidad compleja que se construye por medio de múltiples dialógicas en las que lo complementario y las oposiciones juegan en el mismo nivel espacio-temporal.

El A=A es un principio de identidad abstracto que tiene una validez absoluta en el terreno de la lógica formal y en el de la matemática pero nos confunde, trasladado como principio abstracto, al mundo de las relaciones entre identidades individuales, sociales, culturales… No es lo mismo pensar la relación en un mundo líquido que en un supuesto mundo estático y ordenado. No somos “estatuas pensantes” como diría Norbert Elias. No somos estatuas de mármol. Incluso la solidez del mármol se erosiona en contacto con el medio ambiente y en función de una dimensión casi siempre olvidada, el tiempo. La diferencia entre una estatua pensante y un ser humano real pensante es que la erosión de la estatua no admite reorganización, el ser humano, en cambio está siempre en un constante proceso de auto-eco-re-organización. La identidad es una identidad compleja: una unidad construida en, a partir, con la diversidad. Una unidad autónoma en la dependencia.

Los sistemas dinámicos: las sociedades, las culturas, los seres humanos no podemos ser pensados desde identidades ontológicas simples. Necesitamos un modelo complejo de pensamiento que nos permita abordar de otro modo la identidad. Un sistema no puede crear autonomía sin dependencias. No hay posibilidad de existencia del sistema sin eco-sistema. No hay unidad sin diversidad. En ese sentido frente a la lógica de lo estático necesitamos pensar en términos de lógica de la organización.

Nuestra identidad está construida a partir de múltiples dependencias. Es una construcción original a partir de múltiples relaciones. Toda cultura es más o menos híbrida, mestiza, hecha de cruces, retro-alimentaciones… No existen culturas acabadas ni perfectas. Toda cultura lleva en sí misma suficiencias, insuficiencias, funcionalidades, disfuncionalidades…

Hemos hablado de “estructuras de pensamiento” como condicionantes inconscientes. Condicionantes inconscientes que no tenemos más remedio que traer a conciencia, en lo posible, para poder pensar y actuar del modo más racional posible, para poder pensar en términos de racionalidad abierta, crítica, compleja. Conocer cómo pensamos y actuamos es una tarea inacabable pero nos jugamos mucho en ese proceso de conocimiento del conocimiento.

Kuhn habla de “paradigmas”; Foucault habla de “epistemes”; Gadamer habla de “tradiciones”, Morin reformula y complejiza el término de “paradigma”… Sin duda alguna hay un aire de familia en todos ellos aunque existen también diferencias. En todo caso se trata de la idea de que por encima de nuestro modo de  pensamiento y de nuestras acciones existen principios de relación, reglas de transformación, códigos, competencias, potencialidades discursivas que determinan tipos de manifestaciones a nivel lógico, semántico e ideológico, por supuesto también a nivel práctico. Determinan la inteligibilidad y el sentido, las operaciones lógicas rectoras, el modo de organización de las ideas. Estas estructuras paradigmáticas mentales son generativas y organizacionales (Morin). Orientan, gobiernan, controlan el modo de organización de nuestros razonamientos individuales.

Los paradigmas son totalizadores y más lo son cuanto más profundos e inconscientes siguen siendo. Cuanto menos los tratamos de pensar, detectar…

Vivimos bajo el imperio de la unidimensionalización, las identidades estáticas, los culturalismos ontológicos, los individualismos absolutos y los sociologismos absolutos, los biologismos o los culturalismos, los emocionalismos… Ejemplos todos ellos de estructuras mentales, de paradigmas de simplificación que determinan, como relación lógica más importante, la exclusión y la disyunción.

La gran mayoría de las teorías sociales conocidas viven bajo el paradigma de la simplificación y la unidimensionalización: el positivismo es un reduccionismo, el marxismo (complejo en su origen) acabó siendo un reduccionismo economicista, el funcionalismo y el estructuralismo se convirtieron en dos reduccionismos deterministas, la teoría de sistemas en gran parte se redujo a un formalismo…

Se trata de teorías deterministas, incapaces de hacer lugar al sujeto. Incapaces de hacer lugar al actor social, al sujeto creador de sentidos y de novedad. Incapaces de hacer lugar a un sujeto (individual o en términos de movimiento social) dentro de una sociedad compleja (con sensibilidad a las condiciones iniciales).

Vivimos en sociedades complejas en las que perturbaciones inesperadas pueden llevar a la sociedad a situaciones impredictibles a priori (efecto mariposa).

Ahora bien, ¿situarnos frente al determinismo nos lleva a ser unos apóstoles de la indeterminación? Lo bien cierto es que no. No se trata de anular por necesidad las estructuras y los sistemas, se trata de reintroducir al sujeto, al actor social en un campo visto siempre desde una lógica funcional social vertical en donde no hay más yo que el yo social.

El sistema social o es dialógico o se solidifica. Sin dialógica no es posible el cambio. El sistema social existe entre el orden y la dispersión, por eso es complejo. Existe entre el cristal y el humo (por usar la metáfora de Atlan).

La palabra dialógica significa lo siguiente: se trata de un principio epistemológico clave para pensar lo real porque frente a las visiones dicotómicas, frente al pensamiento unidimensionalizante y monológico, nos sitúa en otro nivel que ya no nos obliga a excluir términos. Se trata de pensar en un mismo espacio / tiempo lógicas que se complementan y se excluyen. Es decir, se trata de asociar de forma compleja (complementaria / concurrente / antagonista) instancias conjuntamente necesarias para que se produzca y funcione la organización. Sin el trabajo de la dialógica no puede existir ni crearse la organización. Todo se solidifica.

La complejidad social es producto de la dialógica. Lo es también la complejidad humana: sapiens / demens[4]; individuo / sociedad; naturaleza / cultura… Por separado estás instancias nos dejan en el nivel de la simplificación y la exclusión. Si sabemos conjuntarlas en sus concurrencias y antagonismos accedemos al nivel de la complejidad humana.

El espacio público es dialógico: en un mismo espacio / tiempo concurren, se complementan, se oponen, una enorme diversidad de intereses, sentidos, experiencias, conflictos. El espacio público es el espacio de la diversidad histórica y cultural, es el espacio del reconocimiento del otro, sin el cual no hay posibilidad de diálogo ni de conversación.

La cultura contemporánea no puede obviar la dimensión dialógica frente a la pretensión de homogeneidad y universalidad de una concepción social de la sociedad. Si no comprendemos la idea de dialógica y de conflicto es difícil comprender que la educación hoy ya no puede ser un simple proceso de socialización  que nos arranque de nuestras particularidades y nos disuelva en lo universal. Se trata, por el contrario, de mostrar las condiciones de libertad del sujeto personal.

Una educación en la ética del reconocimiento debe enseñar a reconocer al otro y a uno mismo como sujetos libres. Libres en el derecho de crear sus propios sentidos personales y de que el otro los cree con el límite del respeto de las libertades políticas (derechos comunes a todos).

Una ética dialógica compleja es productiva porque si somos capaces de aprender a conocer y reconocer al otro, si somos capaces de asumir la diversidad del otro (así como la nuestra) al mismo tiempo que nuestras interdependencias la sociedad funciona como una unidad en la diversidad y no como una unidad totalitaria por imposición de una única ¿cuál de todas? mirada general. No podemos sentar una buena base para la comunicación intercultural sin sentir curiosidad por el otro y sin mirarnos mirando, es decir, reconociendo la propia horma desde la que miramos. La convivencia y la posibilidad de comprensión nos alejan siempre de la oposición estéril entre relativismo y universalismo tomados en términos absolutos. Porque los absolutismos nos sitúan en el nivel de las identidades cerradas.

Contra el platonismo y el aristotelismo identitario la “verdad” se construye en relación con el otro, en la apertura. La verdad no está afuera. La “verdad” es producto relacional. Frente a ello encontramos el orden del fundamentalismo: los que creen estar siempre en la verdad.

Octubre de 2014

[1] La pretensión de este divertimento es lanzar, de modo pedagógico y desenfadado, algunas ideas a los estudiantes del Grado de Filosofía en la Universidad de Valladolid (y por extensión a todos aquellos lectores a los que le interese) que participan en mis asignaturas de epistemología de las ciencias sociales y de teoría de la sociedad. A partir de este breve divertimento quizás puedan ir algunos sintiendo curiosidad por otros modos de pensar que van más allá de los sustancialismos, los determinismos, los reduccionismos…

[2] Cfr. Castoriadis, C. “El campo de lo social histórico”, en Les Carrefours du labyrinthe II. Domaines de l´homme. Seuil. Paris. 1986.

[3]  Cfr. Morin, E. La Méthode. Vol. I. La nature de la nature. Seuil. Paris. 1977.

El por qué de concebir al ser humano como homo sapiens demens está bien justificado en el pionero libro de Edgar Morin titulado Le paradigme perdu: la nature humaine. Seuil. Paris. 1973.

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