SOBRE EL PODER: VERDAD, MENTIRA Y SOSPECHA

Cuando Flaubert escribe que “no haríamos nada en esta vida si no nos guiáramos por ideas falsas” y sigue diciendo “es una observación de Fontenelle que no me parece ninguna tontería”, la verdad es que invita a hacer una reflexión sobre nuestra actualidad. Una reflexión sobre la relación entre la verdad, la mentira y el poder.

En el Diario Expansión (expansión.com) del miércoles 3 de Diciembre se nos da la noticia de que los presidentes de Repsol, Telefónica y Bankia intervinieron en la Jornada del 25 Aniversario de la Consultora AT Kearney. Las declaraciones que hicieron allí son de mucho interés desde un punto de vista filosófico (y, sin duda, desde un punto de vista político, pero lo que se trata de convocar ahora es a los filósofos de la sospecha en este breve ejercicio de romper ideas falsas, para contraponer, quizás otras ideas “falsas” porque no pretenden ser verdades absolutas). El presidente de Repsol (Brufau) dice lo siguiente (refiriéndose al grupo político Podemos [1]): “Hay que desdramatizar la posible llegada al poder de Podemos”, “si al final gana Podemos habrá que convencer o explicar a los dirigentes del partido cuales son las recetas que funcionan en todo el mundo”. El presidente de Telefónica (Alierta) afirma “es evidente que los modelos que funcionan son los que siguen países como Alemania o Estados Unidos y no los siguen países como Italia”. Los tres presidentes de estas instituciones citadas coinciden también en que no conviene para el desarrollo económico y la recuperación el cambio de perspectiva económica.

El 4 de Diciembre nos llega la noticia en el periódico El País de que A. Merkel reconoce que “Europa no es ahora mismo una tierra de futuro para los jóvenes” (en el ámbito de desarrollo del Foro Digitising Europe, Berlin).

Como ocurre con toda representación de la realidad que pasa por querer ser exacta y evidente, estamos más en el ámbito de la teología que en el de la realidad imperfecta que nos identifica como humanos (nuestra imperfección y finitud). En todo caso, si la cosa no tuviese repercusiones humanas de alto calado nos bastaría con afirmar que o tenemos un conocimiento perfecto de una situación o difícilmente una receta es la receta (y no otra). Menos aún si la receta la tratamos de aplicar a nivel global, que es el caso de la mentalidad neoliberal que está a la base de las declaraciones de los presidentes citados. Ya sabemos que el FMI aplica recetas sin contexto cuyo éxito se asegura por la fuerza de convicción que respalda al FMI para que la receta tenga éxito.

“Recetas”, “evidencias”, “convencer”, “funcionar”, “modelos”, añadimos “perspectiva”. Nos vamos a quedar con la palabra “perspectiva”. Pero antes digamos que la señora Merkel en sus declaraciones no parece que coincida con las afirmaciones de los tres presidentes, porque suponemos que la receta neoliberal que es el modelo a seguir debe ser bueno también para el bienestar y el futuro de los jóvenes o, ¿quizás solo sea bueno el modelo para las grandes oligarquías empresariales y bancarias?

Noam Chomsky dice una cosa interesante cuando critica el neoliberalismo y es lo siguiente, dicho en pocas palabras: decirles a los que están arriba lo que ellos ya saben no tiene interés, los que debemos saberlo somos los que estamos abajo. En ese sentido creo los que debemos emancipar la cabeza somos nosotros (los de abajo) y para ello debemos pensar y sospechar.

 ¿Qué cabe entender por parte de un grupo oligárquico cuando hablan de “convencer” y de “explicar”? ¿Cómo vive el común de los mortales bajo el modelo económico neoliberal? ¿A quién beneficia el modelo económico neoliberal? ¿Quién manda en nuestras democracias? Esto último se responde fácilmente: la economía, una economía basada en una teología de lo único, lo irrefutable (porque no se permite la refutación), sostenida por un poder político al servicio de los grupos económicos que facilitan el poder político…

Por supuesto todo ello conlleva toda una ingeniería civil y propagandística. Todo ello mediante procedimientos democráticos que por medio de una constante inyección de ideología (falsa conciencia) hacen que se mantenga la perspectiva que más nos conviene a todos a pesar de que los resultados no son nada convenientes para los de abajo, los más, los todos.

Unas breves reflexiones para crear contrapoder o dicho de otro modo afirmar otras perspectivas: desde Nietzsche hasta Foucault sabemos que voluntad de poder y voluntad de verdad siempre van juntas y todo ello redunda en una voluntad de sujeción / obediencia. Por lo tanto se trata de saber y tener en cuenta que el poder es el poder de una determinada interpretación y la “verdad” es una apariencia aceptada. Para ello hay que imponer una serie de “verdades”, “metáforas”, etc., y expulsar o prohibir otras. El poder es el poder de un lenguaje que se impone y una vez aceptado condiciona nuestra mirada y nuestras acciones. Es la aceptación de una perspectiva. El poder siempre tiene en cuenta el uso estratégico del lenguaje, la ambigüedad que oculta la realidad o que cambia la realidad. Pero de lo que se trata es de ocultar o impedir la posibilidad de pensar de otro modo. Crear una limitación de la realidad por medio de la palabra.

La filosofía de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud); la hermenéutica; la epistemología de los procesos complejos, etc., nos facilitan herramientas mentales para la emancipación y la liberación de nuevas perspectivas. La liberación de otro tipo de “ideas falsas”, en el sentido de que no son verdades absolutas e irrefutables porque son perspectivas que quizás valga la pena recorrer.

En síntesis, la verdad es un hecho interpretativo (Nietzsche, Marx). La ideología funciona como efecto de interpretación que inconscientemente pasa por ser una verdad absoluta y evidente. Dentro del marco interpretativo del neoliberalismo hay una “verdad” evidente que hay que imponer a costa de lo que sea (lo de menos son las vidas desperdiciadas y todo lo que se quede por el camino).

Resistir al poder, proponer otro poder, implica mostrar la mentira (la falsa evidencia), negar la realidad impuesta, desmontar el lenguaje por medio del que circula la falsa evidencia de una vida democrática. Porque la vida democrática dentro del capitalismo real no tiene posibilidades. Salvo la de creer y obedecer. Guiarse por ideas falsas, efectivamente, no es ninguna tontería. De lo que se trata es de demostrar la falsedad y de proponer otras ideas, perspectivas, no sabemos si más verdaderas pero si más posibilitadoras de ciudadanía, libertad y creatividad individual. En ese sentido quizás nos convenga distraernos menos buscando verdades esenciales de lo humano para imponer una perspectiva única, sea económica o bioética, y reflexionar más en términos de biopoder. Porque se trata de poder, de poder sobre nuestras vidas, de manipulación y sujeción del cuerpo y de la mente. Para ello necesitamos de una epistemología de la visión y de la palabra que nos haga luz ante tantas “opiniones sin sentido” como las llamaba Epicuro, “vanas opiniones” cuyo triunfo es la perdición de los de abajo.Podemos. Ni siquiera conozco por ahora sus propuestas más allá de lo que la llamada “opinión pública” (publicada) va lanzando. Mi interés es una breve  reflexión sobre la construcción de la “verdad”.

[1] Aclaramos rápidamente que el tema que convoca esta reflexión no es el grupo político Podemos. Ni siquiera conozco por ahora sus propuestas más allá de lo que la llamada “opinión pública” (publicada) va lanzando. Mi interés es una breve  reflexión sobre la construcción de la “verdad”.
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