NUEVAS CONSIDERACIONES SOBRE EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DEMOCRÁTICO – NEOLIBERAL: ¿DEMOCRACIA? ¿LIBERTAD? ¿IDENTIDAD?

 

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“Es preciso recordar que es necesario revisar lo que pensamos desde lo que leemos y desde lo que nos comunican, porque los periódicos, los medios, nos traen hoy, por lo que sea, un lenguaje manipulado que está usando para falsificar la realidad y, esto es lo gravísimo, nuestra posibilidad de entenderla”                                           

                                                                                                                                E. Lledó

Asistimos estos días, con gran perplejidad y no porque esperásemos otra cosa, a una continua construcción de posverdades y de relatos alternativos (siempre con el formato dicotómico buenos / malos; nosotros / los otros; represores / reprimidos; opresores / oprimidos), algunos de tales relatos francamente ingeniosos, otros muy interesada y concienzudamente construidos. También asistimos a un uso (¿inconsciente?, ¿ignorante?, ¿alegre?, ¿interesado?) de palabras como “democracia”, “identidad” “libertad”. Añadamos también una buena dosis de ignorancia, emocionalismo y constante construcción ideológica por parte, como siempre, de los grupos que están en el poder (económico, mediático y con capacidad de movimiento de masas). Tampoco dejamos de lado, porque llama la atención, la alianza extraña entre grupos anticapitalistas (incluso antisistema) con grupos que defienden algo muy cercano al neoliberalismo económico pero son contrarios, como siempre ocurre con los grupos que están en el poder, a un liberalismo moral y cultural. En ese sentido hay que hacer un alarde de imaginación enorme para creer que los miembros de la antigua Convergència[1] y Unió tengan muchos intereses económicos y políticos en común con los miembros de Esquerra Republicana o de la CUP, Candidatura de Unidad Popular[2].  También es bueno que recordemos las consideraciones que, desde Tocqueville pasando por  John Stuart Mill hasta Ortega y Gasset por ejemplo, se han hecho sobre la tiranía de las mayorías y las masas manipuladas.

Se da por hecho que vivimos en democracias en nuestros modernos estados-nación europeos; se da por hecho que con ir a votar se arreglan los problemas políticos; se da por hecho que todos somos demócratas. Nadie o muy poca gente apunta, en el actual conflicto que vivimos en España en relación con el tema catalán, que reivindicando todos (constitucionalistas por una parte y nacionalistas, por otra, con mayor  o menor grado de componente independentista) la democracia y la libertad, acusándose unos a otros de volatilizarlas y de dinamitar el Estado de Derecho, se ocultan varias cosas como por ejemplo: las élites que están hoy en el poder tanto en el Estado político español como en esa parte del Estado político español que es Catalunya son élites que defienden el neoliberalismo económico y político (del que se han beneficiado de modos a veces poco presentables); se trata de élites que apoyándose por interés, como hemos escrito hace un momento, en grupos con valores diversos, desde el independentismo hasta el anticapitalismo y, pareciendo que todos persiguen lo mismo construyen un relato incoherente, falso históricamente y peligroso para una democracia que siempre ha funcionado en muchos aspectos bajo mínimos[4] y que corre el peligro de volatilizarse en gran parte (de lo que queda) gracias a la defensa en nombre de la democracia de intereses particulares de grupos y gracias al ocultamiento fundamental: en nuestras actuales sociedades, dependientes de los poderes bancarios y empresariales la democracia es algo que en gran parte[4] se reduce a votar en su momento un menú bastante prefabricado (en ese sentido los antisistema, en este caso de la CUP, por ejemplo, no nos garantizan más libertad ni democracia a no ser que volatilicen las condiciones que marca el poder financiero, pero en ese sentido se trata de otro problema, no solo el problema de la independencia sino el problema del cambio de las condiciones de poder económico y, en ese sentido, insistimos, no alcanzamos a ver que acuerdos económicos puedan efectuar los grupos anticapitalistas con defensores del actual régimen económico).

Se confunden, a nuestro juicio, muchas cosas que no se deberían confundir: ¿hablamos de democracia?, ¿de libertad?, ¿de independencia?, ¿de identidad?, ¿de todo junto?, ¿definimos de modo pertinente estos términos?

Entre los grandes enemigos del poder del demos están el capitalismo neo-liberal y la mentira: tanto uno como la otra perpetúan el abuso de poder. Hoy asistimos a un vergonzoso trajín de posverdades que ya tienen una consecuencia horrible como es la desvertebración de las relaciones entre la gente de a pie, la emergencia de odio entre la gente, la emergencia de violencia social y mientras tanto se propaga por la red construcción tras construcción de verdades a sabiendas de que poco importa si la gente las comprueba o no las comprueba empíricamente. Se trata de que la gente lo crea y si es así esas construcciones de verdades son verdad. Si la gente asiente el discurso es verdad. Por todo ello el poder está en manos de quienes construyen un discurso y lo inyectan en el imaginario colectivo de una gente que da asentimiento a esa construcción. Lo empírico no importa. No se trata de que algo sea verdadero o falso sino de que uno lo crea o no lo crea.

Respecto a la palabra “diálogo” tan manida y manoseada hoy en esta España de políticos interesados y de gentes desinformadas o mejor, formadas y deformadas ideológicamente por los poderes políticos y mediáticos: nos olvidamos de que solo podemos caminar juntos si somos capaces de conversar y conversamos (los que conversamos) porque no podemos eliminar la incertidumbre. Pero somos tan bíblicos que creemos que en el principio es el verbo y el verbo es Dios y Dios es la Verdad porque la Verdad es Dios. Obviamente más allá de las creencias religiosas, aplicado al ámbito de la teología política la fórmula puede ser la misma. Olvidamos que hay otra forma de traducir la palabra “logos”: en el principio es el dia-logos razonado. Para tal ejercicio de dia-logos necesitamos gente educada para la vida cívica y no meros defensores de divinidades absolutas como la nación, la identidad y la patria que encubren intereses más prosaicos y materiales, aunque es indudable que hay creyentes de buena fe: los más manipulables.

Quizás convenga recordar a Michel de Montaigne cuando escribe en su Apología de Raimundo Sabunde: “examinar las ideas desde distintos puntos de vista vale infinitamente más que considerarlas desde uno solo; la utilidad es superior”.

Desgraciadamente las políticas educativas, tanto en el Estado político español como en gran parte de las comunidades autónomas, se han preocupado más de posibilitar una educación volcada al mercado que una educación encaminada a urbanizar ética y políticamente a una ciudadanía muy necesitada de estrategias que les faciliten una vida en común con la conciencia de la diversidad. Queremos tener, pero no sabemos ser. Para ser hay que salir de la ignorancia, hay que ver y pensar por cuenta propia. Desgraciadamente en nuestras actuales videocracias todo nos lo dan ya pensado de antemano.

Desgraciadamente se sigue pensando políticamente el S. XXI con conceptos y categorías del S. XVIII y XIX. Y dos de los conceptos que no resisten hoy la prueba de nuestro tiempo son el concepto de “nación cultural” y el concepto de “pueblo” (así como hay que repensar en toda su complejidad el concepto de “identidad”) que están detrás de muchos delirios de políticos que confunden el “mandato del pueblo” con mandar al pueblo: dirigir al pueblo y que el pueblo se quede en el pueblo.

Es posible que con menos banderas y más ilustración general la necesaria ciudadanía, la tan necesaria ciudadanía hoy, podría defender más sus derechos y defenderse de quienes en nombre de los derechos de todos solo miran por los beneficios particulares de grupos que solo pretenden seguir en el poder en el que siempre han estado.

Concluimos con una cuestión: ¿y si comenzásemos a preguntarnos qué significan las palabras en relación con cómo se usan?, ¿qué grupos tratan de apropiarse los significados de las palabras?, ¿a quienes favorecen, que ocultan y qué muestran?

Decía E. M. Cioran: “me basta escuchar a alguien hablar sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir nosotros con una inflexión de seguridad, invocar a los otros y sentirse su intérprete, para que lo considere mi enemigo. Veo en él un tirano fallido, casi un verdugo, tan odioso como los tiranos y los verdugos de gran clase. Es que toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los puros son sus agentes”.

Esperemos que las patrias, las naciones, las identidades y las banderas, elementos teológicos de nuestro tiempo, no se conviertan (por medio de los intérpretes de esas verdades teológicas y de sus significados) en motores de sufrimiento y degeneración colectiva como siempre ha ocurrido cuando la posibilidad de razonar y argumentar en común, cuando la incapacidad de comprender la complejidad de la vida en diversidad, ha dado paso a los delirios colectivos. Mientras sigamos manteniendo una educación que prima lo unidimensional, el monólogo y las dicotomías excluyentes seguiremos abonando una visión en la que el otro nunca será como es uno. Pero ¿y cómo es uno? Nunca faltarán lo que Niezsche llamaba los predicadores de la muerte para decirle a uno lo que debe ser.

Octubre de 2017

[1] La antigua Convergencia Democrática de Cataluña se reconvirtió en 2015 en PDeCAT, Partit Demòcrata Europeu Català. Por otro lado, y de forma muy resumida, Junts Pel Si es una plataforma – coalición electoral que aglutina partidos desde el PDeCAT hasta Esquerra Republicana y que cuenta también con organizaciones independentistas, etc., se formó para concurrir, entre otras cosas, a las elecciones al Parlamento de Cataluña en 2015.

[2] Para que no hagan mucho esfuerzo los lectores consulten en la Wikipedia las respectivas ideologías de unos grupos y otros. Se entenderá que, aunque son “nacionalistas” e “independentistas”, pero con tipos diferentes de nacionalismo e independentismo, por lo demás poco tienen en común. Si usásemos terminología del Siglo XIX habría que decir que entre unos y otros hay muchas diferencias de clase social, así como un clasismo político.

[3] Bajo las condiciones, en la era de la globalización, que impone hoy el capitalismo neoliberal a nivel mundial la política actúa más de allanadora del camino y a favor de los intereses de los grandes grupos económicos que como defensa de los intereses de la gente… A no ser que nuestros gobernantes interpreten que nos interesa vivir bajo las condiciones que impone hoy el poder económico. En España no hay ni más ni menos democracia que en cualquier país de la Unión Europea lo cual no es motivo de regocijo, pero no por ello deja de ser cierto. Por otro lado, cuando se esgrimen juicios como los de represión al estilo franquista, golpe de estado, opresión etc., quizás sería interesante dirigir, sobre todo a los jóvenes, a los libros de historia y las hemerotecas para ver la falsificación de la historia y de los intereses que defendían en épocas anteriores los ancestros de nuestros gobernantes en el poder tanto en Madrid como en Barcelona. Échenle un vistazo a las hemerotecas, la cosa es bien interesante. Constatarán incluso posiciones que contradicen lo que defienden ahora con lo que defendían antes.

[4] En realidad, a los grandes grupos económicos lo que les interesa es que exista seguridad “legal” y estabilidad política en torno a lo económico. Más allá de eso no les importa tanto otro tipo de discusiones democráticas. La economía y las necesidades legales para que funcione dentro de los cánones marcados por el FMI, el BM, etc., no se discuten. No son objeto de decisión democrática, obviamente a riesgo de una deslocalización empresarial. Es muy recomendable que se lean los puntos en los que se basa lo que se conoce como “Consenso de Washington”, ahí encontramos los puntos que recomiendan los grupos que asesoran a los Estados sobre las políticas (económicas sobre todo) que se deben implementar, grupos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de América, así como algunas de las grandes empresas “calificadoras”.

 

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