Archivo de la categoría: Complejidad

DESARROLLO, MULTICULTURALIDAD, UNIVERSIDAD Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO EN EL CONTEXTO PLANETARIO [1]

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Sabemos que las ideologías tienen un poder inmenso sobre el imaginario colectivo que les sirve de sustrato. No menos se puede decir del poder de las palabras y de lo que ellas significan en una época, en un tiempo vivido e imaginado, en un contexto que muchas veces pasa por universalidad abstracta y en la distribución de esta universalidad. Palabras como “desarrollo”, “progreso”, “globalización” impregnan hoy nuestra cotidianeidad y se nos hacen evidentes en el marco de una pedagogía que a modo de constante repetición nos muestra la unilinealidad de su significado y oculta, la mayoría de las veces, la concepción política, social y epistemológica que se encuentra en su trasfondo. Lo mismo ocurre a la hora de tratar la multiculturalidad o la interculturalidad, aunque no son lo mismo la una y la otra. De hecho se nos impone como evidente e incluso descripción científica lo que es posible que sean ocultos programas políticos y visiones de la realidad ciertamente interesadas. Visiones de la realidad que ocultan muchas asimetrías…… Seguir leyendo

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UNA ANTROPOLOGÍA COMPLEJA PARA ENTRAR EN EL SIGLO XXI. CLAVES DE COMPRENSIÓN [1]

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La obra de Edgar Morin es desde comienzos de los años cincuenta[2] uno de los intentos fundamentales en este siglo de pensar y describir la complejidad humana. Se trata de una complejidad con múltiples niveles y dimensiones. Niveles que según nuestro autor no deben ser nunca yuxtapuestos sino pensados en interrelación. Allí donde solo sabemos yuxtaponer, reducir y unidimensionalizar no hay posibilidad de comprender la complejidad humana: nos encontramos en el orden epistemológico de la simplificación[3]. Nada más alejado del pensamiento de Edgar Morin. La complejidad antropológica, sociológica, ética, política, histórica – pues estos son los niveles más importantes en los que el hombre encuentra su modo de estar en el mundo- deben ser entendidas como diferentes caras y aspectos de un mismo fenómeno: el fenómeno humano.

Frente al espacio epistemológico de la simplificación Edgar Morin nos ha mostrado el camino de la complejidad. Una complejidad fundamentalmente epistemológica que atañe a todos los niveles de lo real: el nivel fisico, biológico, antropológico, socio-político.

Nuestro autor nos ha enseñado a situarnos en un espacio metodológico en donde separar y distinguir nunca es cortar; en donde unir y conjugar nunca es totalizar sino pensar la globalidad al mismo tiempo que la retroactividad y recursividad entre lo global y lo parcial. Efectivamente se trata de penser ensemble. Podemos decirlo de otro modo, el método de la complejidad huye tanto del reduccionismo a la parte como del reduccionismo al todo al mismo tiempo que tiene sentido del carácter circulante del conocimiento. En este sentido Edgar Morin es más pascaliano que cartesiano. La idea de Pascal que reza así: “por lo tanto, siendo todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y manteniendose todas por un lazo natural e insensible que liga las más alejadas y las más diferentes, tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como conocer el todo sin conocer particularmente las partes”[4], está plenamente incorporada en el pensamiento moriniano….. Seguir leyendo

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Vidas distraidas en una videocracia

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Se acaba de publicar (marzo de 2011) un breve cuadernillo (35 páginas) en el que se recogen varios textos cortos de Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO entre 1987 – 1999. El título lo dice todo, para quien … Seguir leyendo

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Pensar los siete saberes necesarios en la educación para una política de civilización en la Era Planetaria*

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“De buen grado vuelvo a esa idea de la inepcia de nuestra educación. Ha tenido como fin hacernos, no buenos y sensatos, sino cultos: lo ha conseguido. No nos ha enseñado a perseguir y a abrazar la virtud y la prudencia, sino que nos ha grabado su derivación y etimología” (M. de Montaigne)

El filósofo alemán T. Adorno dijo en una conferencia en 1966 “la exigencia de que no se repita Auschwitz es la primera de todas en la educación”. E. Morin ha escrito lo siguiente: “pensar la barbarie es contribuir a recrear el humanismo. Por lo tanto es resistirse a ella”. Morin subraya la palabra “pensar”. Por otra parte una de las ideas / categorías fundamentales de la filosofía de la historia de Morin es que vivimos en la edad de hierro planetaria. La búsqueda metodológica (epistemológica, porque se trata de “pensar”) de Morin tiene como una de sus ideas faro fundamentales la aspiración a un humanismo que trascienda los tribalismos, los reduccionismos, las exclusiones, los esencialismos, las ontologizaciones identitarias, etc., que son elementos componentes de la edad de hierro en la que se encuentra hoy la humanidad planetaria. Dicho de otro modo, se trata de proponer una epistemología que nos permita navegar en el mar de la diversidad y activar un pensamiento dialógico frente a los pensamientos monológicos, excluyentes, descontextualizados, abstractos, ciegos, esto es: pensamientos que están a la base de actos bárbaros Seguir leyendo

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Educar para la comunicación intercultural en Europa y en la era planetaria

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El acto de ver no es solo cuestión de biología. Ciertamente los ojos son órganos biológicos, pero no menos cierto es que personas diversas pueden ver de diferentes modos un mismo objeto, pueden ver cosas muy diferentes. Como les ocurría a Ptolomeo y a Copérnico cuando miraban al sol: el primero veía que el sol giraba alrededor de la Tierra, el segundo veía que la Tierra giraba alrededor del sol. Dos miradas diferentes sobre un mismo objeto. ¿Por qué? ¿Y por qué razón ambos creían estar en lo cierto? Para ellos era evidente lo que veían.

Traslademos a otro nivel esta situación. Dejemos la astronomía y comencemos a hablar de conceptos tan en boca de todo el mundo como son los conceptos de “civilización”, “cultura” y “sociedad” en Europa así como en el Planeta. Seguir leyendo

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Humanismo y responsabilidad*

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A propósito del texto de Edgar Morin “Pour l´education du Vingt-et-unième siècle”

En su breve libro titulado La tradición humanista en Occidente(2), su autor, Alan Bullock, nos dice que el humanismo no fue una escuela de pensamiento, ni una doctrina filosófica. El humanismo fue una dimensión del pensamiento, un sentimiento, una creencia, un debate.

El humanismo fue una forma de pensar y de estar en el mundo. Dicho de otra forma, el humanista concibe una nueva forma de vida y quiere vivirla.

Si hiciésemos historia de la filosofía o historia de las ideas –lo cuál es obvio que no viene al caso en este momento- podríamos ver cómo la civilización de Occidente, con el humanismo, da una nueva vuelta de tuerca a su autoconcepción. El pensamiento del hombre sobre sí mismo, en el Renacimiento se autotransforma otra vez. El hombre ya no se ve en el espejo de Dios, ni en el espejo de la Naturaleza. El humanista comienza a verse a sí mismo como punto de partida y como punto fundamental de apoyo(3). Como proyecto. Seguir leyendo

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El Modelo Organizacional y su método

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Es un hecho constatable que la sociedad cambia y evoluciona –si para bien o para mal no viene ahora al caso-. Los grandes sociólogos del siglo XIX y gran parte del SXX pensaron que aunque la sociedad cambiaba lo hacía siguiendo unas leyes subyacentes que había que descubrir. Las sociedades, creen Comte; Marx; Spencer; el mismo Durkheim, etc, progresan de forma lineal, unidireccional e irreversible. Unos pensaban que hay dos tipos de sociedad: mecánica y orgánica (Durkheim); militar e industrial (Spencer). Otros creen que existen grandes leyes de la evolución socio-histórica como, por ejemplo, la Ley de los Tres Estadios de Comte o los diferentes niveles por los que pasa la sociedad en Marx hasta llegar a la sociedad plenamente comunista.

La mayoría de los grandes filósofos de la historia del siglo pasado son “filósofos del fin de la historia”. Todos piensan que hay un estadio óptimo para el hombre. Su finalidad es llegar allí. Allí está el fin (acabamiento ) de la historia. De hecho el siglo XIX es el siglo de la historia y de la evolución. Hegel en la filosofía y Darwin en la biología marcan las pautas a seguir. Como todos saben Marx heredó la idea hegeliana de dialéctica. La idea de una dirección de la historia (hacia el reino de la libertad, el triunfo del espíritu absoluto, etc.). Hoy en día autores como Fukuyama (siguiendo una cierta interpretación de Hegel), por ejemplo, nos hablan de que las sociedades liberales occidentales con su modelo de democracia son las sociedades del fin de la historia y que las demás sociedades solo pueden aspirar a llegar al nivel de las primeras.

El siglo XIX despliega una serie de grandes ideologías: progreso; evolución; desarrollo; cientifísmo; racionalismo. Se despliega en todo su esplendor la ideología del ORDEN. Orden Social; orden político; orden natural. La sociedad se debe estudiar a la imagen de una ciencia del orden: con sus leyes y sus determinismos. Ejemplo fundamental: la obra de Comte.

El modelo fundamental de explicación en el campo social es el mismo que en el reino de la naturaleza: mecanicismo y determinismo, así como la metáfora orgánica (que es la base de ciertos tipos de funcionalismo, estructuralismo y sistemismos funcionalistas). El modelo epistemológico, insisto, es el modelo inspirado en el ORDEN. De hecho es el modelo que han estado usando las ciencias sociales y humanas hasta no hace mucho. Pensemos que tanto el funcionalismo de Parsons como el estructuralismo tanto en antropología como en sociología se han inspirado en el modelo epistemológico de la ciencia clásica. Los individuos no son más que el reflejo y función de la estructura y del sistema. El actor social “actúa” poco en estos modelos, en cambio obedece mucho. Los individuos son tratados como átomos aislados.

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Complejidad y autonomia del sujeto

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Dice Kostas Axelos que lo que da más que pensar, en nuestro tiempo que da que pensar, es que no siempre pensamos. Así mismo dice Edgar Morin que nuestra mayor necesidad hoy no es conocer lo que ignoramos sino la aptitud para pensar lo que sabemos. Y es que los modos de pensamiento desembocan en acciones. Recordar esto no está demás en una época en la que desde el llamado “choque de civilizaciones” hasta la incomprensión de una diversidad cultural confundida con los comunitarismos parece que el pensamiento de lo sólido y de la esencia impregna nuestra visión de las identidades y de los individuos. Dicho de otro modo: es fácil constatar cómo los modos reduccionistas y simplificadores de pensamiento imperan e impregnan la política y una extendida visión de la educación como “formación” y no como creación de estrategias para la libre construcción de sentido por parte del sujeto. No se insistiría tanto, aún, en la palabra “asimilación” si fuésemos capaces de pensar más allá de marcos referenciales en los que prima un concepto funcionalista de sociedad y de Estado y, por lo tanto, primando un yo social (ya desbordado por la diversidad cultural) frente a la creación del yo individual, esto es, frente a la posibilidad de construcción de autonomía del sujeto con y contra una sociedad que ya no es garantía de orden y sentido general. Ello explica esa sensación, muy instalada y promocionada por un discurso que hace del orden su emblema, de que navegamos en las aguas del caos y de que es necesaria la restauración del orden. Pero ¿qué orden social?, ¿qué orden político?, ¿qué identidad?

¿Y si resultase que comprender la construcción del sentido en el caos hiciese necesario asumir que “caos”, “incertidumbre”, “inseguridad”, etc, solo tienen una connotación negativa desde un pensamiento de lo sólido, de las esencias y de la función? Creo que en este sentido llamamos “caos” a todo aquello que implica ausencia de significado, o destrucción de un significado que creíamos eterno. Es por lo que la comunidad es un refugio, un seguro contra la incertidumbre (Bauman). Cierto es que el coste de ello es la delegación de la autonomía del sujeto en un yo social determinista.

Hoy en día tenemos por delante una apuesta y su realización: o bien perm Seguir leyendo

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Complejidad, cultura y solidaridad

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La complejidad es una cultura que, como toda cultura, hay que cultivar. La cultura siempre es producto y productora de la relación entre el saber (en términos generales) y el mundo. La cultura puede ser vista desde diferentes aspectos: un aspecto antropológico; un aspecto sociológico; un aspecto noológico (ideológico). Este último aspecto, sobre todo, es el que nos va a interesar en este caso. Los seres humanos somos seres culturales. Dependemos siempre de la cultura.
Centrémonos en el aspecto noológico de la cultura. He afirmado que la complejidad es una cultura. Ahora voy a hacer la siguiente afirmación: la complejidad es la cultura que habría que cultivar de forma preferente y permanente. Ello redundaría de un modo fundamental en los espacios antroposocial y antropolítico. Seguir leyendo

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Sobre Filosofía, Literatura y Transdisciplinariedad*

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“Comprender con Cervantes el mundo como ambigüedad, tener que afrontar no una única verdad absoluta, sino un montón de verdades relativas (verdades incorporadas a los egos imaginarios llamados personajes), poseer como única certeza la sabiduría de lo incierto, exige una fuerza igualmente notable”.
M. Kundera

No se si es o no innato en el ser humano el afán de claridad y de distinción entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bueno y lo malo. Lo que si parece algo evidente es que solemos emitir juicios sobre las personas y las cosas mucho antes de haber hecho el menor esfuerzo por comprender. En esto la hermenéutica lleva ventaja sobre otras visiones de la filosofía cuando nos dice que el pensar, el estar en el mundo, el vivir en el mundo es hacer de la vida el arte de poder no tener razón. Porque la hermenéutica sabe que “la idea de una razón absoluta no es una posibilidad de la humanidad histórica” (3). En cambio cuando la filosofía ha mostrado su pretensión de ser edificante, de construir grandes sistemas y de encontrar la esencia de las cosas y del mundo, ha desembocado en la edificación de enormes racionalizaciones, doctrinas, dogmatismos. La razón acaba envuelta en una enorme borrachera de abstracción, como decía Finkielkraut refiriéndose a las abstracciones y absolutismos de la razón ilustrada, todo ello desemboca más que en un triunfo, en la derrota del pensamiento. Seguir leyendo

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