Archivo de la categoría: Educación

Ideas para abordar las relaciones entre educación/sociedad/economía/ética/política/comunicación intercultural en la Era Planetaria

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Un falso realismo nos dice que las cosas son como las “vemos”, que existen tal cual las “vemos”. No nos damos cuenta de que nuestra visión de las cosas, nuestra visión del estado del mundo, incluso la visión de nosotros mismos sufre múltiples condicionamientos. Estar en el mundo requiere de un estado mental, discursivo, lingüístico, ideológico. Un estado mental educable. Vemos el mundo de la forma en la que somos formados.

Las palabras, sobre todo en forma de conceptos, crean mundo. Y crean mundo tanto conceptos con una cierta pertinencia empírica como conceptos poco pertinentes empíricamente pero con una gran carga ideológica y emocional. La batalla en el campo social, cultural, político, ético, educativo, económico, se juega siempre en el campo de lo simbólico, por lo tanto se juega en el espacio de la lógica del o de los discursos que compiten por apropiarse de y capturar ese campo y vencer. Se trata del intento de monopolización del sentido. Se trata de la lucha por el poder sobre las mentes. Un poder que guía la forma en que cada ser humano ve el mundo, la vida, su sentido de la vida. Un poder cautivador, encantador, que quiere hacer del pensamiento un pensamiento cautivo (Milosz).

Todo está en nuestro pensamiento si previamente se introducen unos determinados códigos de lectura del mundo y por lo tanto si previamente se coloca el pensamiento dentro del marco de un determinado tablero de juego. Seguir leyendo

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Pensar los siete saberes necesarios en la educación para una política de civilización en la Era Planetaria*

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“De buen grado vuelvo a esa idea de la inepcia de nuestra educación. Ha tenido como fin hacernos, no buenos y sensatos, sino cultos: lo ha conseguido. No nos ha enseñado a perseguir y a abrazar la virtud y la prudencia, sino que nos ha grabado su derivación y etimología” (M. de Montaigne)

El filósofo alemán T. Adorno dijo en una conferencia en 1966 “la exigencia de que no se repita Auschwitz es la primera de todas en la educación”. E. Morin ha escrito lo siguiente: “pensar la barbarie es contribuir a recrear el humanismo. Por lo tanto es resistirse a ella”. Morin subraya la palabra “pensar”. Por otra parte una de las ideas / categorías fundamentales de la filosofía de la historia de Morin es que vivimos en la edad de hierro planetaria. La búsqueda metodológica (epistemológica, porque se trata de “pensar”) de Morin tiene como una de sus ideas faro fundamentales la aspiración a un humanismo que trascienda los tribalismos, los reduccionismos, las exclusiones, los esencialismos, las ontologizaciones identitarias, etc., que son elementos componentes de la edad de hierro en la que se encuentra hoy la humanidad planetaria. Dicho de otro modo, se trata de proponer una epistemología que nos permita navegar en el mar de la diversidad y activar un pensamiento dialógico frente a los pensamientos monológicos, excluyentes, descontextualizados, abstractos, ciegos, esto es: pensamientos que están a la base de actos bárbaros Seguir leyendo

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Educar para la comunicación intercultural en Europa y en la era planetaria

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El acto de ver no es solo cuestión de biología. Ciertamente los ojos son órganos biológicos, pero no menos cierto es que personas diversas pueden ver de diferentes modos un mismo objeto, pueden ver cosas muy diferentes. Como les ocurría a Ptolomeo y a Copérnico cuando miraban al sol: el primero veía que el sol giraba alrededor de la Tierra, el segundo veía que la Tierra giraba alrededor del sol. Dos miradas diferentes sobre un mismo objeto. ¿Por qué? ¿Y por qué razón ambos creían estar en lo cierto? Para ellos era evidente lo que veían.

Traslademos a otro nivel esta situación. Dejemos la astronomía y comencemos a hablar de conceptos tan en boca de todo el mundo como son los conceptos de “civilización”, “cultura” y “sociedad” en Europa así como en el Planeta. Seguir leyendo

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Humanismo y responsabilidad*

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A propósito del texto de Edgar Morin “Pour l´education du Vingt-et-unième siècle”

En su breve libro titulado La tradición humanista en Occidente(2), su autor, Alan Bullock, nos dice que el humanismo no fue una escuela de pensamiento, ni una doctrina filosófica. El humanismo fue una dimensión del pensamiento, un sentimiento, una creencia, un debate.

El humanismo fue una forma de pensar y de estar en el mundo. Dicho de otra forma, el humanista concibe una nueva forma de vida y quiere vivirla.

Si hiciésemos historia de la filosofía o historia de las ideas –lo cuál es obvio que no viene al caso en este momento- podríamos ver cómo la civilización de Occidente, con el humanismo, da una nueva vuelta de tuerca a su autoconcepción. El pensamiento del hombre sobre sí mismo, en el Renacimiento se autotransforma otra vez. El hombre ya no se ve en el espejo de Dios, ni en el espejo de la Naturaleza. El humanista comienza a verse a sí mismo como punto de partida y como punto fundamental de apoyo(3). Como proyecto. Seguir leyendo

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Complejidad y autonomia del sujeto

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Dice Kostas Axelos que lo que da más que pensar, en nuestro tiempo que da que pensar, es que no siempre pensamos. Así mismo dice Edgar Morin que nuestra mayor necesidad hoy no es conocer lo que ignoramos sino la aptitud para pensar lo que sabemos. Y es que los modos de pensamiento desembocan en acciones. Recordar esto no está demás en una época en la que desde el llamado “choque de civilizaciones” hasta la incomprensión de una diversidad cultural confundida con los comunitarismos parece que el pensamiento de lo sólido y de la esencia impregna nuestra visión de las identidades y de los individuos. Dicho de otro modo: es fácil constatar cómo los modos reduccionistas y simplificadores de pensamiento imperan e impregnan la política y una extendida visión de la educación como “formación” y no como creación de estrategias para la libre construcción de sentido por parte del sujeto. No se insistiría tanto, aún, en la palabra “asimilación” si fuésemos capaces de pensar más allá de marcos referenciales en los que prima un concepto funcionalista de sociedad y de Estado y, por lo tanto, primando un yo social (ya desbordado por la diversidad cultural) frente a la creación del yo individual, esto es, frente a la posibilidad de construcción de autonomía del sujeto con y contra una sociedad que ya no es garantía de orden y sentido general. Ello explica esa sensación, muy instalada y promocionada por un discurso que hace del orden su emblema, de que navegamos en las aguas del caos y de que es necesaria la restauración del orden. Pero ¿qué orden social?, ¿qué orden político?, ¿qué identidad?

¿Y si resultase que comprender la construcción del sentido en el caos hiciese necesario asumir que “caos”, “incertidumbre”, “inseguridad”, etc, solo tienen una connotación negativa desde un pensamiento de lo sólido, de las esencias y de la función? Creo que en este sentido llamamos “caos” a todo aquello que implica ausencia de significado, o destrucción de un significado que creíamos eterno. Es por lo que la comunidad es un refugio, un seguro contra la incertidumbre (Bauman). Cierto es que el coste de ello es la delegación de la autonomía del sujeto en un yo social determinista.

Hoy en día tenemos por delante una apuesta y su realización: o bien perm Seguir leyendo

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Transdisciplinariedad y transformación*

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“Solo si se reforma el modo de enseñar y de pensar es posible reaccionar contra el conformismo” Edgar Morin

Desde finales del siglo XVIII, recorriendo todo el siglo XIX se produce, en el seno de la Universidad un proceso de disciplinarización y profesionalización del conocimiento que choca con la concepción medieval de la Universidad, asociada a la Iglesia. La Universidad que emerge a lo largo del siglo XIX es la Universidad Humboldt, es decir, la Universidad dividida en Facultades y estas, a su vez, divididas en Departamentos en cada uno de los cuales los profesores explican diversas disciplinas. La Universidad se convierte entonces en el centro de saber y de conocimiento por antonomasia. No solamente la Universidad produce saber y conocimiento, también lo reproduce vía enseñanza disciplinaria sobre los alumnos que tendrán que seguir produciendo conocimiento y reproduciendo la estructura paradigmática de pensamiento en la que se encuentran. El nivel de eficacia en la reproducción del conocimiento es obvio según esta lógica. Se establece la separación entre disciplinas para mejor acotar zonas o áreas separadas de la realidad. Cierto es que se partía de un modelo de naturaleza cartesiano-newtoniano y de un modelo de sociedad al que se le trataba de aplicar, para su conocimiento, el modelo de las ciencias naturales. Un modelo que hablaba de un mundo en el que la dinámica, lo evolutivo y lo complejo estaban ausentes. Un mundo parcelable y analizable. Separar en partes la realidad era la mejor forma de explicarla. En ese sentido la institución universitaria, favoreciendo la emergencia de disciplinas, favorecía el conocimiento y la explicación del mundo. Esa ha sido la lógica del conocimiento tanto en el campo de las ciencias duras como en el campo de las ciencias sociales y humanas. Seguir leyendo

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Virus

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“En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo, pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado…Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas” (E. M. Cioran)

Sin duda alguna es normal que los seres humanos sintamos miedo al contagio de los virus, sobre todo cuando se trata de virus desconocidos para los que no se tiene la vacuna adecuada en el momento en que se comienzan a manifestar síntomas y al mismo tiempo consecuencias que pueden ser letales. El reciente brote del virus de la gripe A H1N1 en un país latinoamericano y que se ha extendido a otras latitudes ha hecho saltar las alarmas en el planeta, sobre todo en los países del mundo avanzado tecnológica y económicamente, los países ricos y poderosos según el canon occidental, para entendernos. La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha hecho bien, sin duda, tratando de coordinar información y aconsejando formas básicas de preservación, etc. Es loable y tranquilizador que ya estén en marcha la investigación y posterior fabricación de vacunas que, parece ser, pronto estarán listas y seguramente, ya puestos (no viene mal conciliar lo útil con lo agradable), contribuirá también al lucrativo negocio de las grandes empresas farmacéuticas. En todo caso no se trata de hablar de negocios en este artículo. Se trata de hablar de virus, pero de otro tipo, virus que están más extendidos y son más letales pero cuya sintomatología es menos manifiesta, aunque, insisto, más dañina para el ser humano. Me refiero a los virus ideológicos.

Una de las características de la posesión ideológica es que el poseído por una ideología no lo nota. Me explico, cuando uno está poseído por una ideología (un sistema de ideas) es esa ideología la que ejecutando su programa hace ver el mundo y al mismo tiempo actuar en el mundo de una determinada manera al sujeto que, en realidad se ha convertido en un sujeto sujetado por la idea, la creencia, el mito, etc. Hasta tal punto tienen poder de transmisión infecciosa las ideologías, hasta tal punto nos pueden cegar o entorpecer la visión, que podemos afirmar que bajo el pesado manto ideológico de muchas doctrinas que pasan por conocimiento cierto lo empírico no prueba nada. Sin duda alguna y con razón, por ejemplo, nos preocupa la enfermedad provocada por el
virus del SIDA que, efectivamente, mata a muchísima gente al día sobre todo en las partes más empobrecidas del mundo, en cambio no nos preocupa y debería ser más preocupante la o las ideologías que aconsejan el no uso del preservativo en defensa de determinadas creencias lamentablemente muy extendidas. Seguir leyendo

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