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Libertad y Estética

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…No nos basta la “libertad de expresión”, ni la “libertad de conciencia”. Uno no expresa mucho si antes no tiene algo que expresar. Por otra parte difícilmente sirve para algo tener libertad de conciencia si no tenemos conciencia. Lo dijo muy bien el que fue presidente de la República Checa, Václav Havel, en una de sus obras: la verdadera libertad no es la libertad de conciencia, la verdadera libertad es tener conciencia. Me refiero a la obra titulada El poder de los sin poder… Seguir leyendo

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Reflexiones sobre la complejidad humana: Filosofía, Literatura y Epistemología

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Decir qué es la filosofía (y que haya un acuerdo general) no es una tarea fácil. Sin duda la gente que nos dedicamos a la enseñanza de la filosofía en la Academia nos insertamos en un campo institucional en el que la filosofía es una Licenciatura o un Grado, como se llama ahora, un Grado con unas materias desglosadas en asignaturas, etc., que todo aquél que quiera ser licenciado en filosofía debe cumplimentar: historia de la filosofía, metafísica, teoría del conocimiento, estética, filosofías del lenguaje, de la ciencia…

Es evidente que cuando uno estudia el Grado de Filosofía aprende cosas que dijeron los filósofos. Pero a mí me parece que muchísimas veces en ese proceso de aprendizaje académico hay un olvido fundamental (quizás debido a un exceso de abstracción filosófica y a un no menos excesivo abuso de jergas conceptuales). Se olvida que la filosofía siendo cuestionamiento, siendo pregunta, lo es por y para la vida. La filosofía es aquella que nos enseña a vivir, decía Montaigne. Es cuidado del alma, como nos dicen Platón y otros filósofos de la Antigüedad. Epicuro decía, por ejemplo, que “la filosofía no sirve de nada si no nos ayuda a recomponer el alma”…

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Laicismo y Dios(es)

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Leo en el Diccionario de la Real Academia Española (Vigésimo Segunda Edición) que la voz “laicismo” significa “doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. Entiendo que el Estado tiene como uno de sus fines fundamentales el garantizar la libertad del los ciudadanos: libertad de pensar, de creer, de hacer. Todo ello con la limitación creo que sencillamente comprensible de que el ejercicio de la libertad individual no perjudique la libertad del prójimo.

Desde hace tiempo la iglesia católica, con su principal representante en el Vaticano, sienten el impulso de denunciar el laicismo desde diferentes puntos: Seguir leyendo

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Ideas para abordar las relaciones entre educación/sociedad/economía/ética/política/comunicación intercultural en la Era Planetaria

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Un falso realismo nos dice que las cosas son como las “vemos”, que existen tal cual las “vemos”. No nos damos cuenta de que nuestra visión de las cosas, nuestra visión del estado del mundo, incluso la visión de nosotros mismos sufre múltiples condicionamientos. Estar en el mundo requiere de un estado mental, discursivo, lingüístico, ideológico. Un estado mental educable. Vemos el mundo de la forma en la que somos formados.

Las palabras, sobre todo en forma de conceptos, crean mundo. Y crean mundo tanto conceptos con una cierta pertinencia empírica como conceptos poco pertinentes empíricamente pero con una gran carga ideológica y emocional. La batalla en el campo social, cultural, político, ético, educativo, económico, se juega siempre en el campo de lo simbólico, por lo tanto se juega en el espacio de la lógica del o de los discursos que compiten por apropiarse de y capturar ese campo y vencer. Se trata del intento de monopolización del sentido. Se trata de la lucha por el poder sobre las mentes. Un poder que guía la forma en que cada ser humano ve el mundo, la vida, su sentido de la vida. Un poder cautivador, encantador, que quiere hacer del pensamiento un pensamiento cautivo (Milosz).

Todo está en nuestro pensamiento si previamente se introducen unos determinados códigos de lectura del mundo y por lo tanto si previamente se coloca el pensamiento dentro del marco de un determinado tablero de juego. Seguir leyendo

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Identidad (es)*

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La identidad es una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Pensar la identidad en su complejidad es un reto intelectual cuyo resultado podría desembocar en la posibilidad de una mejor convivencia entre las personas. Los autores de este texto constatamos a diario, en la prensa escrita, hablada, etc., que la mayoría de debates culturales, sociales y políticos que toman como sujeto el tema de la identidad parten de una concepción simplificadora y unidimensionalizante de ésta. Nosotros vamos a mostrar brevemente una idea de identidad como construcción compleja. Basta con caminar por las calles de nuestras ciudades, por los pasillos de nuestras escuelas y universidades, por los diferentes lugares de trabajo en los que concurren las personas. En fin, basta con mirar nuestra cotidianeidad para observar lo difícil que a veces se nos hace la convivencia. Vamos a dejar de lado el temor paranoico que nos causa la representación que nos hacemos a gran escala de culturas aparentemente ajenas a las nuestras, porque no se trata únicamente de un problema de fronteras ni de lejanías en las que la mirada se pierde y se difumina. Creemos que una parte importante del problema básicamente surge de cómo nos miramos las personas. Cómo hemos aprendido e interiorizado, desde que nacemos, una determinada manera de reconocernos. Seguir leyendo

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Pensar los siete saberes necesarios en la educación para una política de civilización en la Era Planetaria*

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“De buen grado vuelvo a esa idea de la inepcia de nuestra educación. Ha tenido como fin hacernos, no buenos y sensatos, sino cultos: lo ha conseguido. No nos ha enseñado a perseguir y a abrazar la virtud y la prudencia, sino que nos ha grabado su derivación y etimología” (M. de Montaigne)

El filósofo alemán T. Adorno dijo en una conferencia en 1966 “la exigencia de que no se repita Auschwitz es la primera de todas en la educación”. E. Morin ha escrito lo siguiente: “pensar la barbarie es contribuir a recrear el humanismo. Por lo tanto es resistirse a ella”. Morin subraya la palabra “pensar”. Por otra parte una de las ideas / categorías fundamentales de la filosofía de la historia de Morin es que vivimos en la edad de hierro planetaria. La búsqueda metodológica (epistemológica, porque se trata de “pensar”) de Morin tiene como una de sus ideas faro fundamentales la aspiración a un humanismo que trascienda los tribalismos, los reduccionismos, las exclusiones, los esencialismos, las ontologizaciones identitarias, etc., que son elementos componentes de la edad de hierro en la que se encuentra hoy la humanidad planetaria. Dicho de otro modo, se trata de proponer una epistemología que nos permita navegar en el mar de la diversidad y activar un pensamiento dialógico frente a los pensamientos monológicos, excluyentes, descontextualizados, abstractos, ciegos, esto es: pensamientos que están a la base de actos bárbaros Seguir leyendo

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Educar para la comunicación intercultural en Europa y en la era planetaria

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El acto de ver no es solo cuestión de biología. Ciertamente los ojos son órganos biológicos, pero no menos cierto es que personas diversas pueden ver de diferentes modos un mismo objeto, pueden ver cosas muy diferentes. Como les ocurría a Ptolomeo y a Copérnico cuando miraban al sol: el primero veía que el sol giraba alrededor de la Tierra, el segundo veía que la Tierra giraba alrededor del sol. Dos miradas diferentes sobre un mismo objeto. ¿Por qué? ¿Y por qué razón ambos creían estar en lo cierto? Para ellos era evidente lo que veían.

Traslademos a otro nivel esta situación. Dejemos la astronomía y comencemos a hablar de conceptos tan en boca de todo el mundo como son los conceptos de “civilización”, “cultura” y “sociedad” en Europa así como en el Planeta. Seguir leyendo

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Humanismo y responsabilidad*

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A propósito del texto de Edgar Morin “Pour l´education du Vingt-et-unième siècle”

En su breve libro titulado La tradición humanista en Occidente(2), su autor, Alan Bullock, nos dice que el humanismo no fue una escuela de pensamiento, ni una doctrina filosófica. El humanismo fue una dimensión del pensamiento, un sentimiento, una creencia, un debate.

El humanismo fue una forma de pensar y de estar en el mundo. Dicho de otra forma, el humanista concibe una nueva forma de vida y quiere vivirla.

Si hiciésemos historia de la filosofía o historia de las ideas –lo cuál es obvio que no viene al caso en este momento- podríamos ver cómo la civilización de Occidente, con el humanismo, da una nueva vuelta de tuerca a su autoconcepción. El pensamiento del hombre sobre sí mismo, en el Renacimiento se autotransforma otra vez. El hombre ya no se ve en el espejo de Dios, ni en el espejo de la Naturaleza. El humanista comienza a verse a sí mismo como punto de partida y como punto fundamental de apoyo(3). Como proyecto. Seguir leyendo

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El Modelo Organizacional y su método

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Es un hecho constatable que la sociedad cambia y evoluciona –si para bien o para mal no viene ahora al caso-. Los grandes sociólogos del siglo XIX y gran parte del SXX pensaron que aunque la sociedad cambiaba lo hacía siguiendo unas leyes subyacentes que había que descubrir. Las sociedades, creen Comte; Marx; Spencer; el mismo Durkheim, etc, progresan de forma lineal, unidireccional e irreversible. Unos pensaban que hay dos tipos de sociedad: mecánica y orgánica (Durkheim); militar e industrial (Spencer). Otros creen que existen grandes leyes de la evolución socio-histórica como, por ejemplo, la Ley de los Tres Estadios de Comte o los diferentes niveles por los que pasa la sociedad en Marx hasta llegar a la sociedad plenamente comunista.

La mayoría de los grandes filósofos de la historia del siglo pasado son “filósofos del fin de la historia”. Todos piensan que hay un estadio óptimo para el hombre. Su finalidad es llegar allí. Allí está el fin (acabamiento ) de la historia. De hecho el siglo XIX es el siglo de la historia y de la evolución. Hegel en la filosofía y Darwin en la biología marcan las pautas a seguir. Como todos saben Marx heredó la idea hegeliana de dialéctica. La idea de una dirección de la historia (hacia el reino de la libertad, el triunfo del espíritu absoluto, etc.). Hoy en día autores como Fukuyama (siguiendo una cierta interpretación de Hegel), por ejemplo, nos hablan de que las sociedades liberales occidentales con su modelo de democracia son las sociedades del fin de la historia y que las demás sociedades solo pueden aspirar a llegar al nivel de las primeras.

El siglo XIX despliega una serie de grandes ideologías: progreso; evolución; desarrollo; cientifísmo; racionalismo. Se despliega en todo su esplendor la ideología del ORDEN. Orden Social; orden político; orden natural. La sociedad se debe estudiar a la imagen de una ciencia del orden: con sus leyes y sus determinismos. Ejemplo fundamental: la obra de Comte.

El modelo fundamental de explicación en el campo social es el mismo que en el reino de la naturaleza: mecanicismo y determinismo, así como la metáfora orgánica (que es la base de ciertos tipos de funcionalismo, estructuralismo y sistemismos funcionalistas). El modelo epistemológico, insisto, es el modelo inspirado en el ORDEN. De hecho es el modelo que han estado usando las ciencias sociales y humanas hasta no hace mucho. Pensemos que tanto el funcionalismo de Parsons como el estructuralismo tanto en antropología como en sociología se han inspirado en el modelo epistemológico de la ciencia clásica. Los individuos no son más que el reflejo y función de la estructura y del sistema. El actor social “actúa” poco en estos modelos, en cambio obedece mucho. Los individuos son tratados como átomos aislados.

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Complejidad y autonomia del sujeto

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Dice Kostas Axelos que lo que da más que pensar, en nuestro tiempo que da que pensar, es que no siempre pensamos. Así mismo dice Edgar Morin que nuestra mayor necesidad hoy no es conocer lo que ignoramos sino la aptitud para pensar lo que sabemos. Y es que los modos de pensamiento desembocan en acciones. Recordar esto no está demás en una época en la que desde el llamado “choque de civilizaciones” hasta la incomprensión de una diversidad cultural confundida con los comunitarismos parece que el pensamiento de lo sólido y de la esencia impregna nuestra visión de las identidades y de los individuos. Dicho de otro modo: es fácil constatar cómo los modos reduccionistas y simplificadores de pensamiento imperan e impregnan la política y una extendida visión de la educación como “formación” y no como creación de estrategias para la libre construcción de sentido por parte del sujeto. No se insistiría tanto, aún, en la palabra “asimilación” si fuésemos capaces de pensar más allá de marcos referenciales en los que prima un concepto funcionalista de sociedad y de Estado y, por lo tanto, primando un yo social (ya desbordado por la diversidad cultural) frente a la creación del yo individual, esto es, frente a la posibilidad de construcción de autonomía del sujeto con y contra una sociedad que ya no es garantía de orden y sentido general. Ello explica esa sensación, muy instalada y promocionada por un discurso que hace del orden su emblema, de que navegamos en las aguas del caos y de que es necesaria la restauración del orden. Pero ¿qué orden social?, ¿qué orden político?, ¿qué identidad?

¿Y si resultase que comprender la construcción del sentido en el caos hiciese necesario asumir que “caos”, “incertidumbre”, “inseguridad”, etc, solo tienen una connotación negativa desde un pensamiento de lo sólido, de las esencias y de la función? Creo que en este sentido llamamos “caos” a todo aquello que implica ausencia de significado, o destrucción de un significado que creíamos eterno. Es por lo que la comunidad es un refugio, un seguro contra la incertidumbre (Bauman). Cierto es que el coste de ello es la delegación de la autonomía del sujeto en un yo social determinista.

Hoy en día tenemos por delante una apuesta y su realización: o bien perm Seguir leyendo

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